Los vocablos «género» y «sexo» están relacionados, pero no deben funcionar con sentido equivalente: el género es inherente a las palabras, constituye un rasgo gramatical (pera tiene género femenino; tomate, masculino); el sexo es una particularidad biológica (distingue entre hombre y mujer: asistieron dos personas de sexo masculino y una del femenino).
La confusión surge cuando ‒sin análisis o reflexión‒ se traslada el término «género» al ámbito de la biología. Aunque la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española validan el uso de «género» para referirse a cuestiones socioculturales ‒«identidad de género» o «violencia de género»‒, insisten en que no debe sustituir a la palabra «sexo» cuando la intención es diferenciar fisiológicamente a los seres vivos. Por ello, debemos ser cuidadosos: si hablamos de la naturaleza de los individuos, lo correcto es emplear «sexo femenino o sexo masculino» y no atribuir rasgos gramaticales a realidades estrictamente biológicas.
Por lo tanto, no está bien decir, por ejemplo, «las labores domésticas antes eran privativas del género femenino», pues en esta frase la palabra género no se refiere a una característica sociocultural, sino biológica. Si queremos trasmitir un mensaje claro, hay que decir que «las labores domésticas antes eran privativas (exclusivas o propias) “del sexo femenino” o “de las mujeres”».
Esta falta de claridad se presenta, incluso, en formularios de organismos ecuatorianos que, en lugar de preguntar por el sexo, piden que se escriba el «género», ¡como si el postulante fuese un vocablo! Debemos recordar que el «género» es una categoría propia de las palabras, mientras que el «sexo» es la condición biológica de las personas y demás seres vivos». (F)
FUENTES:
Diccionario de la lengua española, Nueva gramática de la lengua española y Diccionario panhispánico de dudas (versiones en línea), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.














