“El mundo tiene sed de paz. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y refugiados!”, ha comunicado el sumo pontífice romano León XIV, Robert Francis Prevost, en su misión ecuménica evangelizadora durante su visita al irredento continente africano. Su recorrido por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial le permitió constatar el firme crecimiento de la Iglesia católica, y sus nuevos obispos. Actualmente es una iglesia que representa el 18 % de la población del planeta.
Por otro lado, el actual presidente norteamericano, Donald Trump, en su segunda administración, se encuentra enfrentando graves desafíos bélicos, que resultan costosos para su país y para el mundo. Mientras el sumo pontífice está enfrentando el desorden de las fundaciones diocesanas, que encubren la depravación de las fiestas en la isla de Epstein y lo hace con una valentía nunca antes vista en el Vaticano.
Ambos, a su manera, aportan a la historia universal contemporánea. Es motivo de orgullo para su pueblo (Estados Unidos) celebrar el próximo 4 de julio 250 años de la Declaración de la Independencia de 1776.
El mundo está dividido geopolíticamente entre tres imperios, Estados Unidos, China y Rusia. Es justo y necesario respetar la voz del jefe del Estado Vaticano. Afortunadamente no cayeron en la trampa mediática de una polémica con declaraciones estériles, que inició el presidente Trump, quien acusó al pontífice de ser “débil ante la delincuencia y pésimo en política exterior” y el papa León XIV contestó, “no le tengo miedo a la Administración estadounidense de Donald Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí, para lo que la Iglesia está aquí”.
En lo personal, considero que sería oportuno para el Ecuador recibir la visita de ambos líderes.
En nuestro país es urgente que la desesperanza no triunfe en el alma de los ecuatorianos, porque estamos combatiendo la violencia, y debemos acabar con las bandas terroristas del narcotráfico. Somos un pueblo católico que ha demostrado con coraje soportar el hambre, la peste, el miedo y la corrupción que impera en todos los ámbitos de la sociedad. Debemos unirnos por encima de diferencias regionales e ideológicas, para seguir manteniendo la fe y el valor que heredamos de los héroes y mártires de nuestra historia.
Confío en que saldremos victoriosos sobre los sordos, mudos y ciegos de espíritu, que viven a espaldas de un desastre internacional, mientras la humanidad está pensando en llegar a Marte con nuevos astronautas.
Permítanme concluir y recordar que el próximo 8 de mayo se cumplirá un año desde que se anunció, en la Plaza de San Pedro, a León XIV, quien nació en Chicago, en 1955. Su vocación lo llevó a servir a Dios en Chiclayo, en el norte del Perú, donde se identificó con el drama indígena.
En la hora en que vivimos hemos perdido los valores que nos enseñó Jesucristo, por eso es bueno reiterar con el papa León XIV, que en las relaciones internacionales también se debe aplicar: “amar al prójimo como a uno mismo”. (O)










