El brillo en sus ojos sigue intacto, al igual que su vocación por ayudar. Ahora tiene 20 años, estudia el cuarto semestre de biología en la Espol, y sus vacaciones las aprovecha para hacer unas pasantías; ella no quiere perder ni un poquito el tiempo. Danna Aráuz hace diez años nos dio una lección de vida con lo más preciado que puede tener un niño: sus juguetes.