¿Una negociación aceptable o un conflicto perpetuo? Esa parecería ser la dicotomía que afrontó recién el Estado ecuatoriano en torno al presente y futuro de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, que se ha vuelto fundamental en el respaldo energético del país.
Aceptable porque, a pesar de la plena conciencia de las fallas y fisuras que parte de su estructura presenta (que dependiendo de diferentes informes se contarían por miles), la Procuraduría parece haberse convencido de que no hay más camino que el de hacer la entrega-recepción con las condiciones y compromisos de la empresa china que va a administrar de realizar el mantenimiento y garantizar el funcionamiento de la obra, así como el financiamiento de otras iniciativas estatales de energías renovables. No destrabar la situación, luego incluso de un fallo arbitral, era quizás lanzar para adelante el problema con el riesgo de que cuando un estiaje haga indispensable la energía de Coca Codo, esta pudiese estar en peligro.
Hasta ahora, la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair es la obra energética más grande del país, diseñada para generar 1.500 MW e inaugurada en el año 2016. ¿El porqué de su nombre? Fue hace casi un siglo cuando el geólogo estadounidense Joseph Sinclair identificó una curva pronunciada en el río Coca, a la que se bautizó con su nombre, Codo Sinclair, y es donde se produce una caída natural de más de 600 metros de altura.
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Recientemente, el interés del Estado por esta maquinaria quedó evidenciado en la construcción de un dique permeable, rebasable, que pretende impedir que ocasionalmente el río Coca siga afectando sus riberas y poniendo en riesgo tal inversión.
¿Una recepción aceptable o un conflicto perpetuo? Hay opiniones en ambos sentidos y con argumentación. Pero siempre deberán interponerse la lógica y el beneficio colectivo. (O)





















