En la recta final de la campaña presidencial colombiana, aparece de pronto el protagonismo de Manta, el puerto pesquero e industrial de nuestra provincia de Manabí, en relación con actividades reservadas cumplidas en esa urbe por el presidente Gustavo Petro durante tres días posteriores a su visita por la posesión del presidente Daniel Noboa, en mayo de 2025.

Lo que hizo allí Petro, a puerta cerrada y blindado por su propia seguridad, es desconocido en Ecuador y también en su país. Él dijo que estaba escribiendo un libro frente al mar, pero un grupo de investigadores periodísticos han publicado que a la casa en la que se hospedó entraron invitados en vehículos con vidrios oscuros, proveedores de comida y se escuchó festejos en el lugar. Además, la actividad literaria del mandatario vecino coincidió con días tensos en la lucha local contra los grupos de delincuencia organizada (GDO) que justamente operaban y se refugiaban en esa misma zona.

La indagación concluye que hubo acercamientos entre el líder principal de esos grupos, alias Fito, y el visitante, a través de emisarios, para participar en una entrega no dialogada de Gobierno a Gobierno. Y el tema ha sido retomado por los candidatos de la derecha colombiana, que han exigido al presidente de su país que explique en realidad qué hacía en Manta. Él ha repetido que escribía un libro en paz y que sus escoltas harán informes que respalden tal afirmación.

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Dicho todo esto es lamentable que, desde el Gobierno vecino, al que se reclama no controlar eficientemente su frontera sur tomada en buena medida por grupos irregulares, no se den explicaciones sustentadas de lo que hizo en esos tres días el presidente Petro en Manta, acogiendo la hospitalidad ecuatoriana y movilizando todo un aparato de seguridad exterior que debió montarse en el sitio donde pernoctaba y del que no salió.

Esperemos que tras la campaña pueda clarificarse si se trató o no de un intento fallido de intervenir extraoficialmente en la política anticriminal ecuatoriana. (O)