¿Quién eres tú? ¿Qué hay en todo el universo que no seas tú? Hay una mente universal que lo controla todo, el Sol, la Luna, las estrellas, el agua, el aire, el fuego, los mares, los ríos, los riachuelos, cada uno de nosotros nacemos con y en medio de esta mente que se va perfeccionando con la educación, con la imaginación y la constancia; va haciendo cosas de lo ya hecho para bien o para mal. Los seres humanos somos los únicos seres privilegiados que podemos disfrutar y compartir la mente.

Hay un escritor y poeta inglés que tiene un poema que lo tituló Mi mente para mí, mi reino es y en una de sus estrofas dice: “No me río de las pérdidas de otro, ni celos tengo de las ganancias ajenas; ninguna ola mundana mi mente puede agitar, mi estado de paz todavía se mantiene, no temo a enemigo alguno, ni a ningún amigo adulo, la vida no aborrezco, ni a mi fin temo”.

El poeta, Edward Dyer, explica que hay que disfrutar de una mente tranquila, no puedes verla ni tocarla, es insustancial, no tiene tiempo, ni fronteras; sin embargo, siempre está dentro de nosotros diciendo lo que debemos de hacer.

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Además, Dyer indica que la mente es tu reino y solo tú la puedes dirigir y dominar. Es tu exclusividad, tu libertad. Nadie tiene el derecho de darte pensando, no hay nada fuera de ti que la puedas culpar de tus aciertos, de tus fracasos, de tus adicciones; a tu alcance tienes todo lo necesario para vivir felizmente, sabiendo que todo tiene su límite y nada se puede llevar de lo que pertenece a todos. Recuerda siempre, querido lector, que nadie puede hacerte infeliz sin tu consentimiento, así que no lo permitas.

Hay un principio zen que dice que “un tonto se ve a sí mismo como otro, un sabio ve a los otros como sí mismo, aquel que conoce a los otros es sabio, aquel que se conoce a sí mismo es iluminado”. (O)

Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro