De todos lados llegaron a Quito. El objetivo era uno, poder observar, admirar, palpar, escuchar, sentir, vivir y corear los éxitos de la siempre entrañable Laura Pausini.
El escenario fue su casa. Entre canciones siempre interactuó con la gente, recordó su pueblo natal en Italia y dijo amar Quito.
Sin embargo, los estragos de la altura la llevaron a pedir oxígeno, mientras pasaba con un elegante traje negro.
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Max, su asistente, entró en escena con un pequeño tanque, le colocó la mascarilla de oxígeno y ella seguía conversando con su público, a pesar de las circunstancias.
Desde las 20:30, el Coliseo General Rumiñahui se convirtió en la fortaleza de la música. Laura saltó al escenario tras un holograma, con un elegante vestido amarillo y, sin preguntar a nadie, el sencillo ‘Yo canto’ estalló en los parlantes y en la voz de los asistentes.
La artista italiana, imponente como de costumbre, hizo suya la atmósfera tras un micrófono rojo.
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Todo empezó con un trasfondo medieval a modo de castillo; un caminante en plena nieve marcó los tiempos para que Laura explotara en emoción desde una pequeña tarima sobre el escenario principal.
Las luces cumplieron su trabajo. Cada pequeño rayo manejaba al público y acompañaba a Laura en ese viaje por Sudamérica que culminó en Quito. De a poco, en la gran voz de la intérprete, nombres de artistas que marcaron una época fueron saliendo.
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Homenajes y viaje musical por los 70
El hijo de la luna de Mecano y Por qué te vas de José Luis Perales encendieron la máquina del tiempo y permitieron que Laura se disfrazara de su madre. Una curiosa chaqueta de dálmata, una boina roja y guantes del mismo color, además de unas gafas redondas blancas con vivos negros, abrieron la brecha de los años 70.
Entre nadie me ve y Mi banda toca el rock, Laura se comió el escenario. Un vestido negro con hojuelas brillantes acompañó la personificación de la cantante de 51 años que tuvo dos momentos de explosión entre el público.
Al cantar Volveré junto a ti, melodía compuesta por Laura en el 2013, y al traer a la palestra musical una de las piezas más famosas de la colombiana Shakira, Antología, guayaquileños, manabitas, quiteños y otras personas corearon a capela.
Miles de emociones fluyeron en el predio fundado en 1992. La música caminaba al son del público que se limpiaba las lágrimas en canciones tristes y sacaba sus mejores pasos en los tonos alegres.
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Momentos emotivos y canciones propias
Así, Laura trajo a Rosana con el Talismán, interpretó a Violeta Parra y Mercedes Sosa con el sencillo Gracias a la vida, pero también volvió a poner su marca y lanzó Gente. Fue la oportunidad perfecta para que los protagonistas aparecieran en cámara y fuera Pausini quien aplaudiera a sus aficionados.
El tiempo envolvió al público, las horas pasaban tan rápido y Laura no quería irse. El reloj marcaba las 22:00 y la vigorosa mujer invitó a sentarse. Dijo que a continuación vendrían canciones dulces, pero a la vez fuertes, por lo que llorar estaba permitido.
El patio y Amores extraños doblegaron a Laura y, al escuchar a todo el coliseo cantar, solo se tocaba el rostro y las lágrimas bajando por las mejillas eran visibles. La meta estaba cumplida.
El viaje de “Aerolíneas Pausini”
Hoy volví a pensar en ti y Primavera anticipada dibujaron una especie de previa para que Laura expresara: “Yo pienso que la música ha nacido porque quiere pertenecer a todos” y abordó el escenario con un vestido blanco con velo.
Como camina una novia al altar, Laura se entregó a sus fanes. Allí dijo que emprendería un viaje musical con ellos en las ‘Aerolíneas Pausini’ para escuchar a Bad Bunny con Turista; Celia Cruz con La vida es un carnaval; Juan Luis Guerra con Te regalo una rosa; Natalia Lafourcade con Hasta la raíz; y Hoy de Gloria Estefan.
Todas interpretadas con la voz soprano de la ‘Reina del Pop Italiano’. Todos temían que el concierto se acabara, pero Laura tenía guardados tres regalos más en el camerino.
Sorpresas y el gran final
Primero apareció Ricky Martin en un video fugaz. Allí, Laura le presentó a sus fanes y explotó el coliseo con Vive la vida loca’. Todos bailaron, cantaron, gritaron y más de uno lanzó una sonrisa al cielo de la inmensa felicidad que no cabía en el pecho.
Humo blanco salió de los extremos del escenario y las luces se apagaron. El público comenzó a decir “otra, otra, otra” y la incertidumbre acompañó el ambiente porque Laura saltó con un poncho de Ecuador, un sombrero de paja toquilla para recordar al mítico cantante argentino Fito Páez y su famosa Mariposa technicolor.
Gargantas secas, voces roncas y pies cansados dejó el Yo Canto World Tour, que culminó con una última aparición de Laura Pausini para interpretar una canción en italiano, sujetando una bufanda de Ecuador.
“Hagan música, no la guerra”, fueron sus últimas palabras antes de abandonar el Coliseo General Rumiñahui y el Ecuador. (E)









