Celebrar, festejar, saludar: términos aparentemente sinónimos posibilitan que el 13 de abril de todos los años, particularmente en nuestro país, fijado como Día del Maestro Ecuatoriano, podamos utilizarlos con afecto para dirigirnos a esa persona que, con su preparación, carisma y entrega, no obstante ser en oportunidades incomprendida, ya en el campo o ciudad, labora sin tregua para alcanzar los anhelados objetivos que la sociedad espera de la educación ecuatoriana. Este es el maestro.

La sociedad actual exige del maestro constantes éxitos y desafíos. Para ello, el Ecuador cuenta con docentes dispuestos a mantener y fortalecer la cultura del trabajo para conseguir la anhelada excelencia académica; el mejor cumplimiento de estas obligaciones demanda la dotación de ayudas y materiales, actualizarlo, capacitarlo; con diligencia se reclama volver a la aplicación de los valores, como el respeto, saludo, fortalecer la confianza en el núcleo familiar, optimizar la cultura y la práctica de los compromisos ante los derechos, siendo posible, si se permite, entregarse sin temor alguno a su función ni amedrentar su desempeño pleno.

En Ecuador, hay educadores que con pensamientos proyectivos, formación y méritos suficientes están a la espera de oportunidades para colaborar en el logro de estándares de calidad, fomentar el amor a nuestra tierra, historia, familia, para lo cual es necesario un acceso urgente a la tecnología moderna, reparar la infraestructura de los planteles, aspectos que se constituyen en una barrera amenazadora para el desempeño e impiden devolver a la educación su lugar exacto de tarea y la importancia capital a ese humanismo, sin lo cual la enseñanza se reduce a simple adiestramiento.

Publicidad

El docente ecuatoriano, en su compromiso social, responde siempre al principio universal de la actualidad; por tanto, su acción pedagógica debe orientarse al sistema axiológico (valores) y teleológico (fines, causas finales) de cada fase del desarrollo, considerar las etapas evolutivas del niño o joven, garantizando que “la mejor manera de prepararlo para el porvenir es trabajar por satisfacer sus necesidades actuales”.

Los docentes cumplen un papel importante en el entorno del país, aportando no solo conocimientos y calificaciones, sino también principios éticos universales de la justicia social, la tolerancia y la paz, garantizando su compromiso de proyección formativa para los educandos. Para ellos, la incomprensión y otras falencias propias del sistema no deben ser factores de afectación para proporcionar un adiestramiento de excelsitud.

Maestros del Ecuador y autoridades correspondientes, la importancia de la calidad formativa y su jerarquía en la complacencia de las necesidades de los aprendientes dependen en gran medida de las condiciones y contribuciones para los planteles escolares. Ante esta realidad, por la responsabilidad que simbolizan, es urgente que se agoten los mayores esfuerzos e ingenios para que la función académica beneficie a niños y jóvenes y se garantice la noble tarea de enseñar.

Publicidad

Publicidad

La sociedad y autoridades educativas deben reconocer que es urgente devolver el valor y tranquilidad moral a la labor del docente, restituir su posición personal y social, su afirmación y dignidad, para que pueda mantener en la tarea su voluntad, su convicción y prestigio, condiciones necesarias para una diligencia de calidad y mayor provocación personal.

Autoridades del país, la experiencia docente por décadas, las altas funciones administrativas desempeñadas en el área, me posibilitan sugerir, en sus casos, una vez más que para superar el entorno educativo del momento es urgente e ineludible: revisión y actualización de la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI) y su reglamento; revisión y actualización de planes y programas en todos los niveles; volver al sistema de enseñanza por especializaciones en el bachillerato, fortalecimiento y diversificación de la educación técnica entre otros aspectos; esto ayudará al trabajo sereno del docente y a evitar fracasos y deserciones, así como el no ingreso a la universidad.

Publicidad

¡Viva el maestro ecuatoriano! ¡Gracias por su labor! (O)

Ivo Rembrandt Orellana Carrera, psicólogo, Guayaquil