Acaba de publicarse la encuesta AMLAT Radar 2026, que explora los sentimientos de los latinoamericanos en sus relaciones con el mundo, en particular con Europa, pero que hace una serie de preguntas comparando esas percepciones también a propósito de China y EE. UU. Se investigan 10 países, entre los más poblados y economías más grandes de la región.

El contexto que los encuestadores indagan se caracteriza por la incertidumbre. La mayoría de los latinoamericanos somos muy pesimistas sobre los cauces en los que marcha el mundo. Hay pocas expectativas de mejora de la situación internacional y lo que más nos preocupa son las guerras, pero también los problemas ambientales, la pobreza y el narcotráfico. Ningún dirigente internacional es especialmente popular, pero en América Latina hay aversión a dos de ellos: Donald Trump y Vladimir Putin. Sobre Estados Unidos particularmente existe la percepción de que, si bien se encuentra en decadencia, es todavía un Estado extremadamente poderoso, pero la imagen de ese país está deteriorada. La idea de que mantiene peso material persiste, pero el liderazgo moral o simbólico ha perdido fuerza en la opinión de las personas de la región.

Al preguntarse por los modelos de desarrollo con más prestigio, las respuestas apuntan claramente a Asia. El modelo chino, seguido por el japonés, es el más admirado, mientras que el de países europeos, estadounidense o canadiense no recibe una valoración parecida. Europa, en cambio, mantiene su prestigio en términos de normas y valores, políticas ambientales y sociales, y su cooperación en democracia, derechos humanos y financiamiento. China emerge como la influencia exterior con mayor imagen positiva, mejora su imagen respecto a encuestas previas, su modelo de desarrollo se mira como emblemático y positivo.

Los latinoamericanos mantenemos nuestras expectativas a futuro sobre la región, pero no hay grandes esperanzas en la actualidad, a juzgar por la enunciación de sus principales problemas. Los latinoamericanos nos interesamos por el mundo, pero somos pesimistas de lo que ocurre en él y de nuestras propias posibilidades. Las opiniones sobre la realidad internacional mantienen una lógica de no alineamiento. Quienes responden la encuesta no toman partido por una u otra potencia; al contrario, se nota una preferencia por diversificar relaciones e interactuar con múltiples influencias.

La valoración de las mayores potencias extrarregionales en América Latina da cuenta de una realidad. Hay más sensibilidad en la región a propósito de lo que ocurre en el ámbito internacional y revela que más allá de su influencia económica hay una dimensión reputacional, de incidencia consensual que es clara y ha ido cambiando. La presencia china, por ejemplo, va más allá de ser el principal socio comercial. Se trata de una imagen que evoca adhesiones que no dejan de ser políticas. Europa mantiene una valoración positiva, aunque sin la intensidad de antes, pero Estados Unidos se encuentra en franco declive. Probablemente la lógica intimidatoria de la política exterior tenga mucho que ver con este deterioro. (O)