La opinión pública vista como problema es la antesala de graves acontecimientos. Es el preludio de una democracia falsificada...
El país, tan complicado como está, merecía un trato más cordial de sus asuntos... más categoría, más respeto.
El concurso por captar el poder cuenta con poderosos aliados.
La discrepancia es mala palabra. Las apelaciones a la serenidad son opciones inaceptables.
La unanimidad, el dominio del pensamiento oficial y la ausencia de contradictores matan a las repúblicas...
El problema es que, al cabo de doscientos años, todavía discrepamos sobre temas esenciales...
(...) vamos perdiendo aquello que es esencial a cualquier sistema político que respete al individuo: el sentido común.
Tendremos dos meses de campaña, ardua, angustiosa. Proliferarán las denuncias, las ofertas de salvación...
La democracia bien entendida es un sistema de normas que imperan sobre el poder y sobre los ciudadanos.
Hubo debates que hicieron época y que pusieron en evidencia la fortaleza, debilidad o mediocridad de los personajes...
El miedo o el entusiasmo desbordados... niegan lo que la democracia nunca debe perder: serenidad, tolerancia y humildad.
Cambios, estrépito, progresos y retrocesos. Expectativas de la gente. Distintas angustias y esperanzas...
(...) contra toda opinión adversa, la decencia es la mejor evidencia para presentarse en el mundo.
(...) recordemos a los que fundaron este país y soñaron en una república, y murieron por sus sueños.
Reivindicar la Navidad, y volver a las viejas costumbres, es imposible. No lo es, en cambio, pensar, con sentido crítico...
Era especial, distinta, inexplicable la atmósfera que hacía de las librerías sitios singulares, silenciosos...
Sin mínimos consensos... que los espectáculos no son ocasión para el abuso, la comunidad será un cuento y la seguridad, un delirio.
¿Seremos capaces de ser, como alguien dijo, no indígenas, no españoles, sino un mundo nuevo y distinto?
Frente al silencio, la palabra. Ante la mentira, la verdad dicha en voz alta. Ante el miedo, ella, la palabra.
(...) la democracia se ha convertido en un cuento, la república en un pretexto y la legalidad en un estorbo.
Esperar al menos una garúa compasiva, mirar los cauces secos de los ríos y escuchar atentos el “horario de cortes”...
La verdad es que vivimos agrupados en torno a ficciones, con la esperanza de que se conviertan en certezas...
Constatar que la mitología del Estado se evapora, que la naturaleza está arruinada, que la seguridad ha sido derrotada...
Tiempos hubo de grandes juristas. Acaban de morir dos. Mi homenaje a Francisco Díaz Garaycoa y a Jorge Zavala Egas.
La mayoría no es dios ni es la varita mágica para encontrar la felicidad. Es una suma de voluntades individuales...
(...) es esencial esforzarnos por desterrar la viveza y el arreglo como prácticas que pervierten la política, las profesiones...
La ciudadanía ha sido reemplazada por una masa de seguidores apasionados por el espectáculo.
Irse así, por cualquier calle o avenida, por los vericuetos del centro, por los mercados... es lúcido encuentro con la realidad.
¿Hemos inventado un manual para destruir el país? Un manual que enseña que los árboles estorban...
Este no es un tema de leyes ni de autoridades solamente. Es asunto de sensibilidad, de respeto al mundo.