No podemos engañarnos y en la USFQ lo hemos dicho varias veces, en particular en la publicación Koyuntura en 2025, a inicios y luego hacia octubre. Es un problema que se acarreaba desde años atrás y que culminó en el impacto del 2024 con apagones de casi 14 horas diarias. ¡Retorno a la época de las cavernas! Recordemos que en ese momento tuvimos una sequía espantosa y no recibíamos energía de Colombia, en gran medida porque ellos también la necesitaban. El faltante energético era del orden de 1.800MW. Las preguntas naturalmente son: ¿y ahora?, ¿se ha podido corregir?

Obviamente un problema de esa magnitud no se puede arreglar en tan poco tiempo, porque los plazos en infraestructura son bastante más largos. Pero el resultado es el siguiente. Imaginemos que se repiten los mismos problemas (sequía radical y no abastecimiento desde Colombia); en consecuencia, arrancamos con un déficit de 1.800 MW, al cual debemos agregar el aumento tendencial de la demanda, que lo elevaría a 2.200 MW. Frente a eso, ¿qué avances ha habido en abastecimiento? Toachi Pilaton, barcazas, generadores y algo más. ¿Total? Hay una gama de versiones. Informes muy optimistas señalan un adicional de hasta 1.600 MW (de los cuales hay francamente dudas sobre unos 300 MW) y cifras más razonables plantean alrededor de 1.000 MW (sin estar claros sobre la calidad de mantenimiento de los equipos). El faltante sería en consecuencia de 900 a 1.200 MW, un 50 % a 60 % de lo vivido en 2024. Es decir, podrían darse cortes de 6 a 8 horas.

¿Qué se puede hacer? Atender el corto plazo y preparar el futuro. En lo primero no hay que ser excesivamente puristas: adquirir barcazas y plantas termoeléctricas, que son caras, pero más caros son los apagones; pero sobre todo lanzar procesos transparentes y eficientes (que no se caigan) sin repetir las fallas y sospechas que hay en las contrataciones de Progen y otras; lograr que los privados tengan motivación para invertir; y no cometer errores estratégicos, como la pelea con Colombia cuando comprarles energía es muy importante (¿es mi visión muy limitada de pensar en la electricidad cuando hay en juego un tema más “elevado” como la inseguridad de la frontera? No creo). En el largo plazo: empujar proyectos como Zapotillo (1.500 MW) u otros, la interconexión con Perú, incentivar inversión privada más sustancial y, como hemos comentado en otras oportunidades, la energía nuclear ¡para dentro de 15 a 20 años! En todas estas estrategias hay una inevitable mezcla público-privada, que seguro no será la óptima pero sí la necesaria. Y para la entrada de los privados lo que se necesita es diseñar claramente un mercado eléctrico, no un conjunto de normas burocráticas sino un mercado donde haya una interacción directa y libre entre los diversos actores, y esto debe implicar mecanismos para invertir en toda la cadena, que incluye generación, transmisión y distribución, además de compromisos reales de pago cuando participan empresas privadas que deben pasar a través de empresas estatales, como es la transmisión. No es fácil lograr todo esto, porque debemos diseñar algo positivo en medio de una crisis que obliga a avanzar “como se puede”… Pero así es como debemos caminar, y no es muy claro si lo estamos haciendo. (O)