Las noticias sobre el denominado super El Niño son realmente alarmantes. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica indica que existe un 61 % de probabilidades de que se presente en el Ecuador en este año. Según los expertos, hay una alta probabilidad (82 %) de que El Niño emerja entre mayo y julio de 2026, extendiéndose hasta principios de 2027. Las agencias meteorológicas advierten que podría alcanzar una intensidad fuerte o evolucionar a un super El Niño, elevando drásticamente las temperaturas globales y el nivel del mar.

Se dice que podríamos experimentar aumentos de temperaturas de 2 o 3 grados en el océano Pacífico, lo cual afectaría a nuestro país, provocando lluvias extremas e inundaciones en la Costa, con desbordamiento de ríos, deslaves y alteraciones en la pesca y, en la Sierra, sequías e incendios, así como heladas en las zonas altas, mientras que la agricultura se alteraría en todo el territorio nacional. Para la Amazonía se prevén lluvias intensas, combinadas con sequías, lo cual significará, además, que los caudales de los ríos y las cuencas hidrográficas se sequen o provoquen inundaciones, lo cual impactaría también en la provisión de energía eléctrica. Todo ello hace presagiar que nos asolarán enfermedades como el dengue y la malaria. Y que carreteras y caminos vecinales se verán seriamente afectados, provocando crisis al transporte de personas, productos y mercancías.

El aparato económico también se vería convulsionado, toda vez que vivimos en parte de la pesca y en parte de la agricultura, ya que tanto el exceso de agua como la sequía ponen en riesgo el ecosistema con los consiguientes perjuicios, en detrimento de una buena calidad de vida, porque los productos encarecerán y no faltarán los especuladores.

Ante esta amenaza, debemos prepararnos y anticiparnos a los hechos. No solo es el Gobierno central el llamado a adoptar las medidas necesarias que ayuden a la población, y atiendan sobre todo a la que está en constante riesgo, a los más desafortunados, a aquellos que apenas sobreviven con menos de 2 dólares diarios, que no tienen comida, menos techo bajo el cual guarecerse, a aquellos a quienes les falta todo o casi todo para vivir. Corresponde a los gobiernos seccionales y juntas parroquiales organizarse y empezar a hacer un estudio de la situación actual adoptando las medidas necesarias para paliar las consecuencias de este evento. Y no solo esto, debe pensarse en el mantenimiento de las carreteras y del sistema de alcantarillado, de tal forma que no ocurra lo que pasa en cada invierno, con las grandes inundaciones de las ciudades, porque las alcantarillas están tapadas debido a que los ciudadanos no cuidan su hábitat y las autoridades correspondientes reaccionan cuando el agua nos llega al cuello después de un fuerte aguacero. También deben organizarse las brigadas médicas en barrios y poblados, a fin de que la gente pueda ser atendida en su salud de manera rápida y eficaz.

Debe adoptarse un plan nacional de contingencia de tal manera que el super El Niño no nos coja desprevenidos y nos azote de la manera menos contundente posible. Recordemos que siempre es mejor prevenir que lamentar. (O)