En nuestro país, desde que se implantó la educación primaria gratuita y obligatoria, para hombres y mujeres, en 1871, en el gobierno de Gabriel García Moreno, esta ha obedecido a un solo patrón: todos reciben lo mismo. Se parte del supuesto de que somos iguales, capaces de asimilar, aprender y obrar de la misma manera, lo cual es falso y antipedagógico. No hay dos seres iguales, porque aun en los gemelos puede haber diferencias. Si esto es así, ¿por qué debemos recibir todos la misma educación en lo que a formación para un posterior desarrollo y actividades en la vida se refiere?, ¿por qué a un estudiante que dice que no le gustan las matemáticas, la química o la física lo medimos con el mismo rasero que a los demás y lo obligamos a que su cerebro rinda lo que no puede o no quiere rendir?; y, ¿por qué no se hace una diferencia entre unos y otros?
No todo palo sirve para hacer cuchara, dice un viejo refrán. Hay seres dotados para ser científicos, o artistas, o deportistas, etc., y, sin embargo, no se aprovechan sus capacidades porque se los obliga a aprender materias que nada tienen que ver con su vocación y a pocos se les ocurre descubrir el talento de sus estudiantes.
Hay tres campos en los que el individuo puede desarrollar sus capacidades: ciencias, artes y deportes. Hay personas inclinadas a lo uno o a lo otro, o se pueden combinar. Pero metemos a todos en el mismo saco y los hacemos perder años de sus vidas tratando de alcanzar lo que no pueden o no quieren hacer, teniendo, al final, un producto no deseado, insatisfecho.
Tendríamos una mejor sociedad y gente feliz o menos insatisfecha con su existencia si, desde la escolaridad, exploráramos en qué podrían especializarse y qué les gustaría hacer en el camino de la vida, midiendo sus capacidades, aptitudes y habilidades.
La Ley Orgánica de Educación Intercultural establece que los niveles educativos deben adecuarse a los ciclos de vida de las personas, a su desarrollo cognitivo, afectivo y psicomotor, capacidades, ámbito cultural y lingüístico, sus necesidades y las del país; y, considera al interaprendizaje y multiaprendizaje como instrumentos para potenciar las capacidades humanas por medio del arte, la cultura, el deporte, la sostenibilidad ambiental, el acceso a la información y sus tecnologías, la comunicación y el conocimiento, para alcanzar niveles de desarrollo personal y colectivo. No obstante, parecería que estos preceptos no se aplican o no pueden aplicarse.
El BID, en 2021, publicó el documento Desarrollo de habilidades en América Latina y el Caribe: desafíos y estrategias, en el cual recomienda: Los niveles educativos deben adecuarse a ciclos de vida de las personas, a su desarrollo cognitivo, afectivo y psicomotor, capacidades, ámbito cultural y lingüístico, sus necesidades y las del país. Se considera al interaprendizaje y multiaprendizaje como instrumentos para potenciar las capacidades humanas por medio del arte, la cultura, el deporte, la sostenibilidad ambiental, el acceso a la información y sus tecnologías, la comunicación y el conocimiento, para alcanzar niveles de desarrollo personal y colectivo.
Considerando lo expuesto, la educación debiera ser impartida de acuerdo a las capacidades de los sujetos y no generalizada. (O)










