El enfrentamiento entre el papa León XIV y Donald Trump era inevitable. Son los dos estadounidenses más influyentes del mundo y sus historias no podrían ser más diferentes. Mientras uno cumplía labores de misionero en los barrios marginales de Chiclayo, Perú, el otro se enrumbaba hacia islas privadas con Jeffrey Epstein.

Desde hace algún tiempo, el Vaticano venía mostrando descontento con el trato que la Administración Trump estaba dando a los inmigrantes ilegales y a los ciudadanos que tenían la apariencia de serlo. Las declaraciones del papa León subieron de tono cuando, frente a una reunión de diplomáticos, insinuó que el secuestro de Nicolás Maduro había violado la soberanía de Venezuela. Inmediatamente después, el Pentágono citó al embajador del Vaticano en Washington.

La situación empeoró cuando el ministro de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, encuadró el conflicto con Irán en términos de una guerra santa, en la cual Dios estaría del lado de los estadounidenses. Invocando al Todopoderoso, Hegseth ordenó “intensificar la violencia de acción sobre aquellos individuos que no merecen ninguna compasión”. También denunció a los miembros de la prensa y los calificó de “fariseos” que estaban conspirando contra Trump igual que conspiraron en contra de Jesús.

El papa respondió declarando que la misión cristiana ha sido “distorsionada por un deseo de dominación, que es opuesto a lo que propone el verdadero cristianismo”. Poco después, Trump escaló el enfrentamiento declarando que él podría eliminar toda una civilización, lo cual el papa consideró “inaceptable”. El pontífice dijo además que “cualquiera que se considera un discípulo de Cristo nunca está del lado de aquellos que en algún momento blandieron la espada y hoy bombardean ciudades”.

El vicepresidente J. D. Vance, quien se convirtió al catolicismo en 2019, entró al ring para ayudar a Trump. Mencionó que el papa debería ser más cuidadoso cuando habla de temas teológicos y que tendría que reconocer que, dentro del catolicismo, existe una teoría de las guerras justas, en las cuales la violencia estaría justificada. En esta atmósfera de enfrentamiento, la Administración Trump canceló un contrato de $ 11 millones con las instituciones católicas en Miami, que ayudan a menores de edad que cruzaban la frontera solos.

La columnista Maureen Dowd, de The New York Times, escribe que la posición que ha tomado el papa le está haciendo considerar su retorno al redil de la fe católica, de la cual se había apartado debido a las acusaciones de abuso sexual por parte del clero. También le aconseja a Trump leer una fábula de los hermanos Grimm, de fines del siglo XVIII: un pescador, quien vivía en una humilde choza con su esposa, captura un pez mágico y ella le exige que le pida varios deseos al pez. Primero que les dé una casa más grande, después una mansión, que lo convierta en rey, emperador y posteriormente papa. El pez mágico concedió todos esos deseos. La esposa entonces muestra su ambición y le exige al esposo que le pida al pez que la convierta en Dios. Acto seguido, el pez mágico los devolvió a la humilde choza. (O)