Si una familia tiene un ingreso de 100 dólares mensuales y de esos casi $ 70 deben emplearse en pagar deudas; seguramente, todos los miembros de la familia deben ser informados de la situación y llegar a un acuerdo sobre el plan de gastos. Ecuador ocupa el segundo lugar entre los países más endeudados de América Latina con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, a diferencia de otros, Ecuador tiene un contexto dolarizado y su deuda alcanza 8.850 millones de dólares, solo con el FMI, a ello súmese la deuda interna y con otros actores.

La deuda externa fue desde siempre un obstáculo para el desarrollo. En América Latina, un ejemplo de aquello es Haití, que logró su independencia a inicio de los 1800; pero, el país colonizador condicionó su liberación a la firma de una deuda externa, garantizando así, que aunque ya no lo gobernara siguió explotando a sus habitantes.

La deuda externa es un grillete de esclavitud para los países. Debido a que el orden mundial es así, una vez que un país se endeuda, generalmente sus ingresos son insuficientes y la deuda se convierte en una bola de nieve que crece como una avalancha que arrasa con los pueblos.

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Es ese el escenario macabro de los últimos años. De ahí que los escasos recursos que tiene el país deben administrarse con habilidad de cirujano, de manera minuciosa, porque cada centavo cuenta. Y resulta lógico el pedido de que los gastos se concentren en obra pública y no en festividades. Las obras públicas emplean a un sinnúmero de personas, por ejemplo, el mantenimiento de vías fortalece las condiciones de transporte y el aparato productivo.

Reducir los gastos superfluos como las festividades, parece lógico. Pero, la toma de decisiones sobre la inversión pública debe ser comunicada a las familias y a la sociedad. Ello permitirá que se entienda cómo se está conduciendo el país y las razones que llevaron sucesivamente a aumentar la deuda externa. Y obviamente, se requiere una auditoría a la deuda externa.

Pero, en épocas de crisis, todavía hay quienes se dedican únicamente a reclamar los fondos de asignaciones y luego los destinan para aspectos innecesarios. Es hora de que toda la sociedad participe de manera consciente en un cambio de cultura, que privilegie lo esencial, sobre lo superficial y que los políticos no usen su curul para boicotear la acción del gobierno de turno.

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Si bien el país atraviesa horas de crisis. Pero, es un país formado por gente trabajadora, lastimosamente, gente desinformada y víctima de grupos malintencionados que se dedican a sembrar odio, en lugar de colaborar para que el país salga adelante.

Al trabajador le importa tener un espacio de realización. Y desde siempre a las familias les ha interesado laborar para llevar un pan bien ganado a la mesa. Es esa fuerza, esas ganas de salir adelante, las que deben ser valoradas para generar iniciativas de sustento y construir junto a todos un plan que le permita al país sobrevivir a la avalancha. También es hora de dejar de oír a quienes tienen discursos incendiarios y que no contribuyen en nada, pues opinan desde su comodidad, lejos de su país. (O)