En enero, el Gobierno dispuso que la recaudación de la tasa de recolección de basura (TRB) que antes hacía la Empresa Eléctrica Quito (EEQ) pase a ser responsabilidad del Municipio de Quito.
El organismo que no estaba preparado para asumir esta competencia, lo que hizo es seguir el ejemplo errado del recaudador anterior: indexar la tasa de recolección de basura a la planilla del agua potable. Acción que no solo desobedece el dictamen de la Corte Constitucional, que lo prohíbe, sino que confunde al pueblo que no entiende cuál es la relación entre el consumo de agua potable y la producción de basura, provocando malestar en los quiteños que dicen que el cobro es exagerado; no se compara a lo que pagaban a la EEQ, ahora pagan más por la recolección de basura que por el agua potable y los reclamos cada día van en aumento.
Según mi vecino, antes de la disposición del Gobierno pagaba por la basura entre
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$ 5,50 y $ 6,50 al mes; cuando la recaudación pasó a manos del Municipio pagaba por la TRB $ 3,38, pero el siguiente periodo, ¡oh! sorpresa, la planilla es de $ 150,21, desglosada $ 4,25 por agua y $ 145,96 por basura. Sorprendido e indignado, acude a la administración municipal de Conocoto y pregunta la razón. En ventanilla le informan que se debe a que el mes anterior tuvo un consumo de agua potable de 197 m³ y la TRB está en función de este consumo. Sin embargo, para mayor información diríjase a las oficinas centrales en Quito, y allá se fue; la respuesta, se trata de una ordenanza aprobada. La que al decir de los reclamantes, “es un método que contiene una relación sugerís”, tanto es así, que algunos concejales están buscando el retorno a la planilla de luz.
La realidad es tajante y no le quedó otra cosa que pagar el valor, de lo contrario, la Emaap Q le retira el servicio. Recomendación: para que la TRB sea más coherente, fácil de entender y así evitar el descontento de la gente, el Municipio debe diseñar su propia metodología de cálculo, tomando como referencia la medida internacional para el caso (unidad de peso) y en función de esta cotizar todas las operaciones y obtener el valor real del kilogramo de basura y así cobrar. (O)
Marco A. Zurita Ríos, ingeniero civil, Quito

















