Las campañas políticas modernas ya no dependen solamente del trabajo en territorio. El populismo que caracteriza a la temporada electoral del país no se limita a entregar colchones, sánduches, víveres o a bailar y cantar en escenarios. Ahora los presidenciables deben habitar en dos mundos: el real y el virtual, lo cual abre nuevas posibilidades de alcance no solo potenciando el espectáculo electoral, sino también aglutinando nuevas audiencias que podrían traducirse en votos.