En uno de los ingresos del mercado Chiriyacu, sentada en una silla de metal con esponjas vestidas de cuero color rojo, una mujer de 76 años lee un versículo del libro de Apocalipsis de la Biblia. Su lectura se interrumpe por la llegada de un cliente, ella toma una caja de cigarrillos y saca uno, recibe el dinero y entrega el cambio, acompañado de una caja de fósforos.