La aplicación de un químico como ‘madurante’ de la caña de azúcar –para acelerar la concentración de sacarosa (dulce)– no es una práctica que agrade a los cañicultores. Hasta la zafra del 2022 –contaron dirigentes agrícolas– los ingenios aplicaban a los sembríos glifosato, un agroquímico clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno”. Desde la zafra del 2023 se usa Moddus, un compuesto aprobado por Agrocalidad, pero que algunos agricultores rechazan porque –aunque no contamina como el glifosato– le reduce el peso a la caña y, por consiguiente, influye en el precio.