El año pasado, el gobierno de Estados Unidos gastó más de 18.000 millones de dólares en financiamiento para que las farmacéuticas desarrollaran una vacuna contra el COVID-19, un esfuerzo que se tradujo en al menos cinco vacunas muy eficaces en un tiempo récord. Ahora está inyectando más de 3000 millones de dólares en un área de la investigación que había sido abandonada: el desarrollo de comprimidos para combatir el virus al inicio de la infección, lo cual tiene grandes posibilidades de salvar muchas vidas en los próximos años.