Lorena Vera tiene 30 años, es ingeniera en Comercio Internacional, madre de dos niñas y la creadora detrás de Lore Te Cuenta, un personaje que en menos de un año logró posicionarse en redes sociales con contenido de entretenimiento, farándula y cercanía con su audiencia.

Lejos del personaje que hoy la define en plataformas digitales, Lorena describe su vida fuera de cámaras como una mujer enfocada en su familia. “En mi casa soy mamá, tengo mi vida personal que trato de no hacer pública”, señala, marcando una línea clara entre su rol en redes y su intimidad. Esa separación no es casual: responde a una decisión consciente de proteger ciertos aspectos de su vida, incluso cuando su trabajo implica exposición constante.

Antes de incursionar en el mundo digital, trabajaba en el ámbito portuario. Sin embargo, la situación de inseguridad y las exigencias laborales la llevaron a replantearse su futuro. A esto se sumaron factores personales, como la necesidad de pasar más tiempo con sus hijas. “Me di cuenta de que ya mis hijas me necesitaban más”, recuerda.

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Lore Te Cuenta, de ingeniera en Comercio Internacional a fenómeno digital en TikTok en menos de un año. Foto: Jose Choez

La decisión de renunciar marcó un punto de quiebre. Ya en casa surgió una idea que cambiaría su rumbo: crear contenido. “No pierdo nada”, pensó. Su primer video, enfocado en una situación de farándula, se volvió viral. Ese momento no solo validó su intuición, sino que también le permitió identificar una oportunidad.

Inicialmente, su contenido se centró en la farándula internacional, especialmente mexicana, lo que le abrió puertas en términos de alcance y seguidores. Sin embargo, fue un análisis estratégico, influenciado por su formación profesional, lo que la llevó a encontrar un nicho poco explotado: la farándula digital local. “No hay este tipo de contenido aquí”, afirmó, apostando por seguir la pista a influencers y creadores.

Desde entonces, su crecimiento ha sido acelerado. Con cerca de 20.000 seguidores en Instagram y más de 184.000 en TikTok, se ha consolidado como una voz reconocible en el entretenimiento digital. Aun así, ella misma dice: “Soy una recién llegada, pero muy agradecida con la gente que me sigue y respalda”.

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El personaje que interpreta no es una extensión total de su personalidad. Aunque comparte con él la facilidad para comunicar, establece diferencias claras: en redes evita emitir opiniones personales. “Simplemente doy la noticia y dejo que la gente lo interprete”, explica. En su vida privada, en cambio, admite que sí expresa sus puntos de vista sin filtros.

El crecimiento también trajo consigo nuevos desafíos. La exposición pública, las críticas y las polémicas forman parte del proceso. “Al principio me dolían”, reconoce sobre los comentarios negativos. Con el tiempo, aprendió a verlos como parte del ecosistema digital: “Son un mal necesario”. Aun así, resalta el apoyo de su comunidad como un factor clave para sobrellevar esos momentos.

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Esa comunidad, según explica, se ha construido a partir de la cercanía. “Las escucho”, dice sobre sus seguidoras, a quienes incluso describe cariñosamente como un “ejército de chismosas”. La interacción constante (leer comentarios y responder mensajes) ha fortalecido un vínculo que va más allá de los números.

En cuanto a su contenido, mantiene una regla clara: solo habla de información que ya es pública. “No me permito hablar de temas privados o delicados”, enfatiza. Esta postura responde a un sentido de responsabilidad que considera fundamental al tratar la vida de otras personas. “Hay una delgada línea que es el respeto”, añade.

Su dinámica de trabajo es intensa y poco estructurada. A diferencia de otros creadores, no planifica sus publicaciones con anticipación. Su contenido responde a la inmediatez: lo que ocurre en el momento debe ser contado en el momento. Esto la lleva a grabar videos en cualquier lugar, incluso en situaciones cotidianas, como salidas, viajes o reuniones.

En términos económicos, su experiencia refleja una realidad común en el mundo digital: la incertidumbre inicial. Durante meses creó contenido sin recibir ingresos, hasta que las marcas comenzaron a interesarse en su trabajo. Para ella, la clave está en la perseverancia. “Es una ruleta rusa”, admite, pero insiste en que el esfuerzo sostenido termina dando resultados.

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A pesar de las oportunidades que han surgido, incluyendo propuestas en televisión, Vera ha decidido priorizar su estabilidad familiar. No está dispuesta a mudarse ni a involucrarse en formatos que contradigan sus principios. “No voy a destruir a otra persona”, asegura, dejando claro que su ética guía sus decisiones profesionales.

Uno de los elementos distintivos de su marca personal es la frase “Ven que te lo cuento”, creada como parte de una estrategia para generar impacto. A esto se suma un rasgo físico que convirtió en sello propio: un lunar que decidió no ocultar y que, con el tiempo, se transformó en un elemento de enganche para su audiencia.

El mayor desafío, reconoce, ha sido adaptarse a la exposición. “Mi vida ya es pública”, reflexiona, consciente de que cada acción puede ser observada y juzgada. Este proceso, aún en desarrollo, la ha llevado a ser más cautelosa, especialmente por el impacto que puede tener en su entorno familiar.

Para ella, el camino en redes sociales está lejos de ser un golpe de suerte. Lo define como trabajo duro, constancia y aprendizaje continuo. Y aunque el reconocimiento crece, mantiene una postura clara sobre su éxito: “Yo no soy nadie sin las personas que me han abierto la pantalla de su celular para verme”. (E)