La última vez que ofrecieron un concierto en Ecuador tenían unos 16 años; lucían los tradicionales flequillos de la subcultura emo, portaban delineador negro en los ojos, y calaveritas en su vestimenta. Ahora pasan los 30 años y aunque siguen jugando con sus looks, ven a esta profesión como una terapia, pero también como una empresa. De hecho, la familia es más grande luego de que dos de ellos se convirtieran en padres. Pero la esencia sigue allí, la complicidad entre ellos y las canciones que no dejan de ser parte de la historia de toda una generación que ya cuenta los días para volver a ver a Kudai en concierto.