En el premio  Norma Fundalectura de Literatura Infantil y Juvenil participan autores de América Latina.

Tiene 33 años y dos galardones literarios. El primero, el Darío Guevara, lo ganó en Quito hace seis años, y el segundo lo recibirá a finales de este mes, en Bogotá, Colombia. Se trata del premio Norma Fundalectura, al que la escritora ecuatoriana María Fernanda Heredia Pacheco se hizo acreedora por su libro Amigo se escribe con h, dirigido a público infantil.

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Es una novela de  140 páginas. Se la dio a conocer   el pasado martes en Quito, antes de la presentación  oficial en Bogotá, que se hará el mismo día de la premiación. El acto  fue parte del Congreso Internacional del Libro y la Lectura y en él la autora firmó autógrafos.

Luego de  una década en el oficio, Heredia se asume escritora y lo disfruta, pero no deja de asombrarle  que sus textos tengan receptividad entre el público e incluso ganen premios. Nunca se planteó la literatura como proyecto de vida. Llegó a ella por casualidad, sin proponérselo.

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En el año 93, recibió la invitación de un amigo para que dibujara una historia para una revista infantil. Es diseñadora gráfica y le encanta realizar  ilustraciones. Pero no pudo dibujar lo que su amigo le pidió, porque simplemente no le salió. La persona a la que se le encargó escribiera un cuento para la misma publicación tampoco cumplió, y Heredia, para que su amigo la perdonara, se ofreció para ayudarle a escribir el texto, aunque en realidad nunca había escrito nada, excepto su diario.

La historia que hizo se llamó El silencio y dos semanas después recibió una llamada de la académica de la lengua Susana Cordero, quien le pedía  autorización para incluirla en una antología de cuento infantil que preparaba para la Unicef. “Yo solo estaba cumpliendo con un amigo, no pretendía hacer un cuento infantil”, afirma la autora.

Después vino lo que ella conceptúa como una época dolorosa y para calmar su desazón comenzó a escribir.

Acumuló 19 historias y una amiga, convencida de que se trataba de literatura infantil, la entusiasmó para que las llevara a una editorial. Acudió a Libresa, cuyo editor la recibió con un  “sí, bueno, este camino es largo. Algún día la llamaremos”. La llamaron a los dos días y firmó un contrato para publicar dos de los 19 cuentos: Gracias y Cómo hacer para no olvidarte. Ambos ganaron el premio Darío Guevara del Municipio quiteño.

Hasta ahora ha editado seis libros. Están en prensa otros dos. También hace las ilustraciones de sus obras, con lo cual pone en práctica su profesión de diseñadora. Desde hace más de cinco años trabaja para el grupo editorial Santillana y, paradójicamente, ganó un premio de la competencia: el grupo  Norma.

Dice que quizá su oficio de narradora se gestó en la infancia. Como era una niña a la que no le ocurría nada interesante, contrariamente a lo que sucedía con sus amigas, quienes a los 12 años iban a fiestas, salían de vacaciones a Miami y tenían novios, ella se inventaba historias para sentirse de alguna manera parte de este mundo. Todo ese universo  inventado, que contaba a sus amigas, lo escribía en su diario.

En su cumpleaños número 22  un amigo le obsequió un libro y le pareció una tontería. Cómo se le ocurría regalarle algo así  a quien no le gustaba leer. Sin embargo, esa obra, que se llama Momo, y es de Michael Ende, la convirtió en una fiel lectora. Ese libro hizo que algo sucediera en ella interiormente. Por eso, es devota de la literatura que como la de este autor, provoca cosquillas en la piel y el corazón y el gusto de contársela a todos.

Cuando va a un plantel  como invitada, no falta el niño que le diga: “Oye, tú fuiste compañera de colegio de mi mamá”. Y a Heredia la llena de emoción compartir sus ficciones con los hijos de las amigas que escucharon sus primeras mentiras.  CM