Ecuador es un país solidario y Guayaquil, particularmente, se ha caracterizado por el voluntariado social. En Navidad aflora el sentido de ayuda y es común ver a grupos familiares, sin un distintivo, llevar alimentos a gente que pernocta en las calles o que desde los carros se pase una moneda al limpiador de vidrios, al que vende caramelos o quienes hacen alguna demostración artística callejera.

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Lamentablemente la situación de calle no es un problema de diciembre. Ya se ha hablado de los riesgos, de que incluso se alquila a niños y ancianos para mendigar. De esto deben estar alerta las autoridades gubernamentales.

El Ministerio de Inclusión Económica y Social es el responsable de atender el problema y en febrero pasado presentó un informe en que recalca la implementación de un servicio para la erradicación progresiva de la mendicidad de manera técnica.

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Según la cartera, el número de usuarios en febrero, a través de la modalidad de erradicación de la mendicidad, es de 2.564 en 33 unidades de atención. Es el servicio de Protección Especial del Estado.

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La pobreza extrema es la génesis de la mendicidad y es el virus que se debe atacar desde el Gobierno.

Desde el sector privado se busca suplir las falencias estatales a través de fundaciones y no es de ahora, Guayaquil tiene toda una historia de voluntariado, aunque este también empieza a reducirse por diversos motivos.

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En septiembre pasado se publicó un reportaje que daba cuenta de los problemas de financiamiento que sufren las fundaciones por falta de ingresos y de la baja de voluntarios, por ejemplo de 700 se pasó a 500 en las afiliadas a la Asociación Coordinadora del Voluntariado (Acorvol).

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La época navideña es también una oportunidad de mirar hacia las fundaciones que trabajan permanentemente por salud, educación, por los más vulnerables. María Gracia, Niños con futuro, Aldeas infantiles, Juconi, El Cielo para los Niños, entre otras, han demostrado seriedad y compromiso. Sumar esfuerzos siempre valdrá la pena. (O)