El próximo 13 de abril escogeremos al nuevo presidente de la República para los próximos cuatro años. No se trata, por lo tanto, de una decisión que deba tomarse a la ligera sino con mucha responsabilidad. En nuestro país, ciertamente, el voto es obligatorio –una disposición con la que no estoy de acuerdo– y dado que el certificado de votación es un documento necesario para diversos trámites, los ecuatorianos siempre acudimos masivamente a las urnas para depositar nuestra confianza en quienes consideramos pueden hacer mejor las cosas.
Y no es cierto que esta elección sea la “más importante de la historia”, ni que el país se juega el todo o nada. Este relato nos lo repiten cada cuatro años y, aunque es fundamental estar informado y votar con conciencia, no es que el país desaparecerá si nos equivocamos en nuestra elección.
Dicho esto, no esperen de mí una guía o consejo sobre por quién votar. Sin embargo, sí considero necesario señalar algunos de los problemas
que el país debe abordar de forma inmediata.
Lo primero, es urgente encontrar una salida a la crisis de inseguridad que estamos viviendo. No es aceptable que no haya un solo día ni una sola hora en la que podamos estar en paz. Los asesinatos ocurren a diario en las ciudades, en las playas, en las urbanizaciones privadas. Matan a los pobres, a los niños, a todos.
Esta situación sin duda tiene consecuencias devastadoras para la economía de un país.
Los inversionistas locales –y más aún los extranjeros– se repliegan ante esta realidad. Algunos son más cautelosos y arriesgan menos. Pero también existen empresarios que continúan apostando por el Ecuador, que son resilientes, que siguen creyendo en su terruño y tienen fe en que las malas noticias pronto acabarán. A ellos, mi agradecimiento sincero por no dejar de confiar en el país, como sí lo han hecho miles de compatriotas que arriesgan sus vidas y la de sus seres queridos en rutas clandestinas como el Darién.
Pero debemos mirar el futuro con optimismo.
Nuestro país ha pasado por muchas desgracias: unas producto de la naturaleza y otras por culpa de gobernantes corruptos, ignorantes, pusilánimes, soberbios y prepotentes. Y, a pesar de todo, hemos logrado salir adelante. Ni la crisis anterior a la dolarización, ni los terremotos, ni la falta de energía o las sequías, ni los malos gobernantes que traicionaron las voluntades populares nos han detenido. Siempre nos reinventamos.
Por eso, hay que elegir a quien nos garantice un territorio de paz en el que podamos desarrollar sin temor nuestras actividades personales y empresariales. Alguien que nos muestre el camino para garantizar alimento permanente a niños y ancianos. Que nos presente un plan claro y realizable para generar empleo y viviendas dignas, que tenga estrategias creíbles y realizables para atraer a la inversión extranjera, que también haga visible a los enfermos y discapacitados y les garantice una atención digna en la seguridad social. Y, sobre todo, que nos diga con claridad y contundencia que no se puede transar con los narcos ni con los terroristas. (O)
X: @aortizherbener