Noboa es un muñeco. / Se lava la carita / con la Constitución.

El caso atípico que provocó la decisión de ejecutar la muerte cruzada por parte del expresidente Guillermo Lasso planteaba varios escenarios y retos. El ideal sugería que Daniel Noboa sea un presidente de transición con uno o dos objetivos para una gestión corta, y en un contexto muy complicado. Desde su asunción se dudaba si realmente iba a asumir este reto o iba a comportarse como precandidato para las elecciones que acabamos de vivir.

Con apagones de hasta 14 horas diarias, crisis de inseguridad, y una economía estancada, muchos creíamos que el apoyo al presidente disminuiría. Para colmo, el presidente Noboa se enfrascó en una pelea de adolescentes con su vicepresidenta, Verónica Abad.

Tenemos un presidente que apenas logra articular un par de frases en público, apenas da entrevistas, y ante crisis morales y éticas decide guardar silencio como ante el caso de los 4 de las Malvinas. Con estos antecedentes uno esperaría que la población lo castigue en las urnas.

La votación que obtuvo el pasado 9 de febrero no se explica solo por el anticorreísmo. ¿Qué sucede?

Jonnathan Haidt sugiere que el aparecimiento de las redes sociales ha modificado nuestro comportamiento, especialmente de los más jóvenes. Se ha trastocado la manera de lograr reconocimiento.

Una persona se vuelve conocida, por su capacidad de “viralizarse” en redes sociales. No importa si la reacciones que obtienes sean producto de algo bueno o positivo. Solo importa que genere reacciones e interacciones en la plataforma para potencializar el número de vistas y seguidores.

Noboa es el arquetipo del nuevo político. No aquel que a través de la palabra persuade a la polis, ni aquel ciudadano ilustre que destaca en algunas de las virtudes, de hecho no destaca en ninguna. Representa el arquetipo del influencer. Estamos en la política del “trend”.

El medio digital Infobae señala que el 57 % de los jóvenes quiere ser influencer. Además, la pareja de Noboa, la primera dama, Lavinia Balbonesi, refuerza el estereotipo, joven, fitness, influencer y millonaria.

Los mecanismos de producción de representación han cambiado. Sumado a eso en Ecuador el 87 % de la población no está satisfecha con la democracia, y el 68 % aprobaría una dictadura. El 45 % no está interesada en la política. La población solo quiere que se haga algo, bueno o malo, pero que se vea “actividad”. Pretenden de la realidad un “feed” infinito de acciones que les entretenga.

La reciente imposición de aranceles del 27 % las importaciones que llegan de México son una muestra de la política del “trend”. Siguió el ejemplo de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, que ha puesto aranceles a las importaciones en su país, con el fin de generar reacciones. Los cartones son otro ejemplo. A la población no interesa ni las motivaciones ni la sustancia de la acción. Lo único que podría contrarrestar son las condiciones materiales de vida.

Noboa es un muñeco. / Se lava la carita / con la Constitución. (O)