Comunicarse rápido y evaluar la situación lo antes posible son actividades sociales que evolucionaron con la humanidad. Gracias a aquellas, los grupos primitivos advertían peligros y tomaban decisiones. Sin embargo, conforme la capacidad de análisis se profundizó, surgieron nuevas reflexiones, que advierten que para comprender un fenómeno es necesario considerar todos los elementos y no juzgarlos ligeramente.
Además, hoy sabemos que los momentos de profundo dolor o emociones son tiempos inadecuados para emitir criterios u opinar. Porque las emociones pueden nublarnos el juicio o ser aprovechadas por otros que nos observan y que solo les interesa sacar ventaja de nuestras frustraciones.
De ahí que la frase popular que para “muestra basta un botón” resulta insuficiente cuando los hechos son confusos y las variables que influyen en un suceso son múltiples. Por eso, en la investigación social se explica a los jóvenes investigadores el proceso de muestreo.
Para que se emitan criterios, no basta solo un botón, porque la muestra sería insuficiente y caeríamos en generalizaciones que solo hacen daño y no generan conocimiento. Un botón es una parte del todo; pero no representa a todo el universo. En otras palabras, se requieren más botones para emitir un juicio sobre la totalidad.
Aquellos preceptos científicos sirven para actuar con prudencia. Y aunque nos provoque pensar que todos los políticos son mentirosos, porque “para muestra basta un botón”; sin embargo, se requiere evaluar a un número importante de sujetos antes de afirmar la hipótesis de que todos los políticos son embusteros.
De igual manera, se requiere asumir con seriedad el análisis de las situaciones sociales y mucho más cuando la violencia asola la sociedad ecuatoriana; y en medio de las emociones se emiten juicios apresurados, insultos, se rasgan las vestiduras y en ese escenario, lejos de contribuir al esclarecimiento de los hechos, solo se alimenta a la confusión y división de la sociedad.
Es profundo el dolor que causa el asesinato de niños y adolescentes; un fenómeno que creció en el Ecuador en un 640 % (¡seiscientos cuarenta por ciento!), así lo denunció la Unicef hace ya un tiempo; y desde aquellos meses, la Asamblea Nacional y los organismos respectivos poco hicieron para garantizar que nuestros niños, niñas y adolescentes estén protegidos. Sin embargo, en épocas de elecciones, el recuerdo de los asesinatos recientes es empleado como recurso político para atacarse entre grupos opositores.
En lugar de discursos vacíos y oportunistas, debe respetarse el dolor que enluta a las familias de niños asesinados y analizarse la cantidad de recursos que se destinan para la seguridad nacional, la formación ciudadana, los programas sociales y la promoción del empleo digno. Los barrios seguros surgirán de la acción mancomunada entre ciudadanía, instancias privadas y públicas; no del espectáculo que se monta a costa de duelo de quienes perdieron a sus pequeños.
De ahí que es hora de que en el 2025 se depongan los odios viscerales que tanto daño hacen al país y nos sentemos en una mesa a generar soluciones integrales a los problemas. (O)