El macabro espectáculo vivido durante la liberación de las tres mujeres secuestradas el 19 de enero y de las cuatro mujeres el 25 de enero, quienes fueron sometidas a torturas durante 470 días en las cárceles de Gaza, evidencia la brutalidad de Hamás. Este grupo extremista, que desprecia la vida de sus propios civiles, es el principal responsable del estallido de la guerra, del sufrimiento de israelíes y palestinos y de la devastación que asola Gaza. Es fundamental dejar en claro que el conflicto no es entre israelíes y palestinos, sino entre Israel y Hamás.

El 7 de octubre, la hostil agresión de Hamás contra Israel marcó un antes y un después. Sus fuerzas llevaron a cabo un ataque sin precedentes, en donde ciudades y aldeas fueron bombardeadas, hogares incendiados y se cometieron actos inhumanos que incluyeron violaciones, mutilaciones y el asesinato de más de 1.400 civiles. Asimismo, se reportó el secuestro de más de 250 personas, entre ellas niños, bebés, mujeres y ancianos.

El impacto de este régimen no se limita únicamente a la población israelí. Los habitantes de Gaza también sufren bajo el yugo de un gobierno que, en lugar de proteger y mejorar la vida de su pueblo, ha impuesto una dictadura y priorizado la militarización. Aunque Hamás se presenta como defensor de la libertad palestina, su control absoluto ha sumido a Gaza en un ciclo interminable de violencia y desesperanza.

La crisis humanitaria en Gaza es una consecuencia directa del mal gobierno de Hamás, que redujo a Gaza a un paisaje de desesperación. No solo ahora sino también antes del ataque del 7 de octubre, las infraestructuras básicas de Gaza estaban en ruinas, la economía hundida, la atención sanitaria era inadecuada y el desempleo se disparó. La obsesión de Hamás por el conflicto armado ha atrapado a los gazatíes en un sufrimiento perpetuo, sin la visión de un futuro más allá de la guerra. El ejemplo más palpable es la construcción de cientos de kilómetros de túneles terroristas, en los cuales Hamás encarcela y tortura a los secuestrados israelíes, pero les niega el ingreso a sus propios ciudadanos, con el propósito de refugiarse.

La situación se agrava por la alianza de Hamás con Irán, cuya influencia refuerza alarmantemente el extremismo y perpetúa una agenda desestabilizadora en la región. Vínculo que alimenta el radicalismo, e intensifica la agresión y el sufrimiento en ambos bandos.

Es imperativo que la comunidad internacional reconozca que mientras Hamás mantenga su dominio en Gaza no habrá espacio para la paz ni la estabilidad en el Medio Oriente. La eliminación de la estructura de poder de Hamás es, por tanto, una necesidad no solo para Israel, sino para toda la región. Sin la sombra de este grupo terrorista, Gaza podría reconstruirse y ambos pueblos empezar a vislumbrar un futuro sin conflictos perpetuos.

El mundo no puede quedarse de brazos cruzados. Es esencial respaldar con firmeza los esfuerzos internacionales destinados a desmantelar la estructura de Hamás, permitiendo así avanzar hacia una resolución definitiva de los conflictos en la región. (O)