Argentina abriga una diversidad de culturas, perspectivas, sabores y reflexiones. Es el lugar propicio para disfrutar la vida. Sin embargo, hace unas semanas se publicaron los datos de pobreza y aquellos reflejan que una gran parte de la población la está pasando bastante mal.

En los últimos años, los electores mostraron la inconformidad con sus políticos y la política argentina se movió como un péndulo, de izquierda a derecha. Aquello muestra el sinsabor que siente la gente con ambos grupos políticos; los que tienen buenas intenciones, aunque no logran instalar un bienestar social duradero.

¿Cómo se progresa?

Hay dos extremos en la vida donde se requieren más cuidados: la niñez y la vejez. Pero, en ambos lados, la población sufre de pobreza. Si la niñez no tiene acceso a comida, educación y espacios seguros, los países embargan su futuro. Y si los Estados descuidan a sus viejos simplemente, son ingratos e inhumanos. Pero no es solo labor del Estado, sino de toda la sociedad.

Queda claro que a los Estados latinoamericanos les faltan planes a largo plazo y acuerdos regionales que preserven a su población de los desastres políticos y naturales. Pasamos de crisis en crisis y las arcas fiscales se vacían dejando en la desprotección a los vulnerables y sin acceso a derechos básicos como salud y educación.

En Argentina, si bien los adultos mayores reciben una pensión de jubilación –con la devaluación del peso–, esta merma día a día. De ahí que se entienda la inconformidad de quienes visitan los mercados y encuentran que los alimentos suben de precio y los billetes se lleven en un canasto, mientras se retorna con las compras en la billetera.

Para Argentina tengo una gratitud inmensa; quizá por ello duele tanto su situación. Pero, como dice la letra, “no llores por mí”, porque estoy segura de que quienes ejercen el pensamiento científico y social se organizarán para debatir sus perspectivas y buscar soluciones. Los gobiernos no deben temer a las universidades, sino convocar a sus científicos a construir propuestas conjuntas.

Hoy Argentina está en manos de un mandatario autoproclamado “libertario” y su preocupación por estabilizar la macroeconomía es comprensible. Pero parece que en el nivel micro, los viejos y los niños requieren solucionar sus necesidades básicas y aquellas que no pueden esperar.

Que el mandatario libertario proponga la dolarización es un tema que desde Ecuador entendemos muy bien. Particularmente, la gente de a pie sabemos que gracias a la dolarización nuestros salarios se preservan de las ambiciones privadas; aunque, en la mirada de algunos hizo a Ecuador menos competitivo en los mercados mundiales y le impide al Estado jugar con la devaluación y la política cambiaria.

En Ecuador la dolarización es respaldada por la gente. No obstante, que la dolarización se mantenga requiere que las arcas fiscales estén siempre llenas y se manejen con sabiduría y responsabilidad. Si Argentina logra dolarizar su economía, ya serán varios países de la región que asumen esta modalidad. Esperemos que Argentina encuentre el camino del bienestar social. (O)