“No puedes controlar todos los eventos que te suceden, pero puedes decidir no ser reducido por ellos”: Maya Angelou. Las eventualidades son sucesos inesperados que pueden tener un impacto significativo en diversos ámbitos como la vida personal, los negocios, la sociedad o la política.
Los ecuatorianos somos testigos de la serie de eventos extraordinarios, a los que llamo eventualidades, que han saturado la política y conmovido al país. A manera de ejemplo, cito los siguientes, todos complejos: derrocamientos de presidentes, movilizaciones desestabilizadoras, juicios políticos, políticos fugados, extraditados, corrupción, etc…
Así, pues, en la política ecuatoriana, las eventualidades han dejado de ser sorpresas aisladas y se han vuelto recurrentes, lo que resulta vergonzoso, perjudicial para nuestra imagen como país y lacerante para nuestra democracia. La reiteración de estos sucesos parece haber generado una disminución en el interés ciudadano y aumentado la desconfianza en el sistema democrático y sus instituciones.
Tras dos años de Guillermo Lasso en el poder, recordaremos el “aclamado” decreto de la muerte cruzada, que puso fin al estruendo proveniente de la Asamblea Nacional, principal frente opositor al Gobierno. En realidad, el Ejecutivo no encontró tregua por parte del Legislativo, que se empecinó en bloquearlo todo, excepto el aumento de impuestos. Da la impresión de que el propio Gobierno se tendió una trampa, de la cual nunca pudo escapar, y finalmente se quedó solo y con el tiempo contado.
Además de enfrentar los difíciles desafíos diarios, nos encontramos en vísperas de unas elecciones anticipadas que han tomado por sorpresa a ciudadanos y a políticos. En su afán por competir, partidos y candidatos se han visto obligados a improvisar, llenando apresuradamente listas de candidatos al Legislativo y confusas alianzas, lo cual pone en evidencia una triste falta de organización partidista. Esta situación revela que en Ecuador no existe una verdadera cultura partidista, ni militancia. Se trata simplemente de maquinarias electorales o de membretes de alquiler en búsqueda de seguir en la troncha o simplemente de hacer su diciembre en este agosto.
En esta carrera de corto plazo se necesitan tres ingredientes fundamentales: generar confianza, empatía y don de mando.
La lista de aspirantes al poder para lo que queda de mandato es variada. Encontramos candidatos con sólida formación académica, otros con una trayectoria política marcada y algunos con propuestas ingeniosas. En esta carrera de corto plazo se necesitan tres ingredientes fundamentales: generar confianza, empatía y don de mando.
El ecuatoriano se enfrenta a la tarea de elegir a aquel que pueda satisfacer sus demandas: combate a la inseguridad, lucha contra el narcotráfico, el abastecimiento de medicamentos, la falta de empleo y la preparación frente al fenómeno de El Niño, entre otras situaciones que requieren un plan claro, recursos adecuados y talento para ser abordados con éxito.
Finalmente, todos los sucesos que nos han traído hasta aquí no pueden haber pasado en vano, el ciudadano tiene la tarea de castigar a la demagogia, la mentira y a la boquilla. Esa arma es el poder del voto, tal vez el único espacio donde se toma en cuenta y le pertenece al ciudadano; por ahora, yo espero que eso cambie. (O)