Peter Drucker: “La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”. Vivimos tiempos en que la palabra “crisis” tiene protagonismo. No es que antes no existieran, pero hoy parece estar en todas partes, en economías, sistemas de salud, gobiernos, empresas, personas y medioambiente. Todas exigen respuestas rápidas y efectivas. Entonces, ¿cómo gestionar las crisis eficazmente?
La clave está en abordarlas con una metodología. Personalmente, utilizo un enfoque estructurado, visible, medible y, sobre todo, comunicable. Un método basado en 12 pasos. Aunque primero debemos aceptar la realidad: hay crisis y debemos enfrentarla.
Es esencial comenzar por recolectar toda la información disponible. Información precisa y a tiempo es fundamental. No se deben ocultar hechos y presentarlos con transparencia para evitar que la situación empeore. Una vez que la información está sobre la mesa, es crucial definir qué significa el éxito en ese contexto de crisis. Establecer una meta clara por alcanzar permite saber cuándo se ha superado la crisis, y ese objetivo debe ser comunicado a todos los involucrados.
Tomar el control es fundamental; debe haber un líder. Este debe conformar la mesa de crisis con cinco u ocho miembros que sean capaces de tomar decisiones rápidas y movilizar recursos. El liderazgo, en tiempos de crisis, se define por la capacidad de organizar y priorizar, no por buscar culpables. Asimismo, es imprescindible mostrar empatía, coherencia y compromiso; las acciones deben reflejar la realidad que viven los ciudadanos.
La comunicación efectiva es otro pilar clave. Designar un vocero único y mantener una agenda inamovible y constante ayuda a evitar rumores y especulaciones. Algo esencial para generar confianza en tiempos de incertidumbre. Además, fomentar la cooperación social para luego conducirla hacia el objetivo común.
Definir prioridades continuamente. En las turbulencias, las necesidades cambian rápidamente y el plan debe ajustarse cuando sea necesario, sin perder de vista el objetivo central: superar la crisis. Plan en mano, actuar con rapidez es crucial; la indecisión puede agravar la situación.
En ocasiones, es fundamental buscar ayuda especializada. Incorporar expertos temáticos refuerza la capacidad de respuesta y aporta una nueva perspectiva que puede ser invaluable en momentos de turbulencia.
El seguimiento es clave para ajustar cualquier acción del plan a medida que evoluciona la crisis para que las soluciones sean efectivas y visibles, internamente y para el público.
Por último, es importante documentar todo el proceso. Cada crisis es una oportunidad de aprendizaje para futuras eventualidades. Tener un registro permite evaluar lo que se hizo bien y corregir lo que no funcionó.
Cuando la tormenta haya pasado, llega el momento esperado: prepararse para el rebote. Gestionar bien una crisis no solo implica resolverla, también convertirla en una oportunidad para fortalecer aquello que antes era frágil o inaccesible. La capacidad de resurgir más fuerte, con lecciones aprendidas y una postura humilde, es lo que marcará la gran diferencia.
Las crisis no solo se enfrentan, se gestionan y se superan. Cuando tocas fondo, solo queda ir hacia arriba. (O)