“Todo fluye, nada es permanente”. Heráclito de Éfeso.
El historiador y filósofo británico Arnold J. Toynbee sostenía que la historia es un camino hacia adelante, cuyos ciclos significan la purificación de aspectos que impiden, en un momento dado, el progreso de las sociedades.
La idea fundamental de la teoría de Toynbee es que las civilizaciones pasan por un ciclo de crecimiento, desarrollo, declive, eventual colapso y transformación. Lo relevante de esta teoría es cómo los desafíos y las respuestas a estos moldean la trayectoria de una sociedad a lo largo de su historia.
A partir de esto, me he planteado la siguiente interrogante: ¿vive Ecuador un cambio de ciclo en la política? Creo que sí. Parece que todo aquello que huela a confrontación, enfrentamiento, disputas y demás comportamientos característicos de la vida política actual, es precisamente lo que rechaza una buena parte de los ciudadanos, y en particular las nuevas generaciones. Así lo podemos ver, como primer punto, en el alivio ciudadano por la declaratoria de la llamada muerte cruzada. El ruido y la crispación que se generaba desde la Asamblea Nacional llegaron a colmar la resistencia de los ecuatorianos.
El posterior asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio llevó al hartazgo ciudadano y gatilló, definitivamente, un reproche evidente a los políticos tradicionales. Así, los resultados electorales nos revelan esa misma tendencia, inclinando la balanza a lo nuevo, a lo que se aleja de esa idea de la vieja clase política.
A muchos sorprendió el resultado de Daniel Noboa en la primera vuelta. La gran novedad de su campaña, si puede llamársela así, no estuvo centrada en sus propuestas políticas, sociales o económicas, sino en lo que él realmente representó ante los electores: una nueva era, alejada del poder político establecido y de las riñas de la política de siempre.
Ese manejo del candidato, sereno y no confrontador, marcó diferencias que debe mantener vigentes si son parte de sus valores.
Todo parece indicar que se viene una nueva era, en la que se perfilan en el panorama político una serie de nuevos actores, una parte los vimos en las elecciones nacionales, legislativas y seccionales, gente joven, con ideas renovadas y una buena base académica.
El relevo no solo es generacional –que ya toca–, sino también de ideas y, sobre todo, de ánimo, de una actitud distinta. Hace falta, para poder enfrentar la crisis que vivimos, un ambiente político que permita el diálogo, acuerdos mínimos entre las fuerzas políticas del país y donde se hable claro y de frente.
Estas son las propuestas económicas del plan de gobierno del candidato Daniel Noboa
La gente joven es la que visiblemente ha inclinado la balanza en una primera vuelta electoral y son ellos los que pondrán el punto final a un capítulo llamado elecciones anticipadas.
La tarea de Daniel será posicionarse como el abanderado de este nuevo ciclo y consolidarlo a su paso. Mientras, Luisa tendrá que definirse si representa a la tradicional política o una transición para este cierre de ciclo. (O)