Recuerdo con nostalgia cuando iba al estadio Capwell a ver a entrenar a mi equipo favorito: Emelec. Tenía yo 10 años y podía ir sin peligro por las calles.

Admiraba al Palillo Torres Garcés. Era un suceso, por donde caminaba la gente lo seguía fuera del estadio.

Recuerdo al bombillo Miori, un puntero izquierdo que no tenía la exquisitez del Palillo, pero era un gran cabeceador, un goleador nato.

Admiraba también al Loco Cibeyra, el de los goles olímpicos. Vi uno de ellos en el estadio estando yo detrás del arco, por lo que presencié la curva prodigiosa del balón. Emelec había contratado al Patrullero Trullet como defensa, al mediocampista Sacconi. El gran Lupo Zenén Quiñónez era un personaje, no era hábil, pero jugaba con el corazón.

En Barcelona era admirable Maravilla Tenorio, asombroso puntero derecho capaz de hacerlo todo en la punta, era un espectáculo verlo jugar, no había defensa que pudiera detenerlo.

Barcelona contrató a Juan Domingo Pereira, arquero extraordinario que volaba de manera impresionante. Morales, mucho después, demostró grandes reflejos.

Ephanor era un fenómeno. Su famosa chilena en la final de campeonato sigue estremeciendo.

En aquella época no había supersueldos ni eran visibles barbaridades como la de aquel futbolista que no quiso salir con un niño a la cancha.

Los periodistas deportivos no andaban en política.

No me meto en política y tampoco en el mundo dirigencial deportivo, pero algo debe de cambiar en Barcelona y Emelec. Son equipos amados, pero están muy lejos de la gloria. Sus finanzas, según se lee en la prensa, son de ponerse a llorar. Sus divisiones inferiores al parecer no han tenido el impulso necesario, pues al menos como regla de ahí no surgen futbolistas destacados. Si en algo deben invertir ambos equipos es en formación futbolística. Más aún cuando sus finanzas no les permiten contratar grandes jugadores.

Si no tienen una sólida “cantera” de futbolistas, si sus finanzas dan pena, si hasta el nombre de sus estadios cambió, al menos hacia afuera, si su proyección futbolística no es la deseable, es momento de pensar con madurez, sobriedad y civismo sobre el futuro de ambos equipos, pues son un símbolo de Guayaquil.

En el caso de Emelec fue sorprendente la caída del equipo luego de la salida de Neme. El equipo no se ha levantado. La comparación de ambos con Independiente del Valle es inevitable. Michel Deller trabaja en silencio, estableció un modelo institucional de equipo, no lo veo haciendo política. Los resultados están ahí: Moi, Hincapié, entre otros. Su equipo ha tumbado a grandes símbolos del fútbol sudamericano.

El rescate de Barcelona y de Emelec debe estar a cargo de Barcelona y de Emelec, de nadie más. Hacerlos sociedad anónima suena bonito, pero con esas finanzas parece un sueño. Ojalá que en ese rescate no se meta la política. Necesitamos nobleza y desprendimiento.

Siempre es posible un cambio para bien. La esperanza se hace realidad con trabajo, planificación, mística, entrega. Hay que invocar a Dios, pero Dios no paga cuentas, no entrena jugadores ni mete goles. (O)