Tras la fiesta de la ascensión, la de Pentecostés, una de las más importantes. Se conmemora la fundación de la Iglesia y es el Día del Apostolado Seglar. Se celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, que los cambió, de cobardes en valientes; en fieles testigos de Cristo resucitado, hasta el martirio. Esta festividad tiene gran tradición en Cataluña, y también en otras ciudades españolas, como Zamora y Ciudad Real. Suelen celebrarse procesiones y romerías; muy señalada la del Rocío, en Huelva.
El Espíritu Santo es el gran desconocido, incluso para muchos cristianos, aunque se le invoca al rezar “el Gloria”. Es la tercera persona de la Santísima Trinidad. Se le llama, también, el Paráclito. La Unidad y Trinidad de Dios es un misterio incomprensible para el hombre. Al Espíritu Santo se le representa por símbolos: uno de ellos, la paloma. Es el amor que transforma los corazones y los hace misericordiosos, fuerza que alienta para obrar con rectitud, luz que nos ilumina interiormente, unción que nos impulsa a proclamar la verdad, consolador incomparable. Él es “dulce huésped del alma”, a la que convierte en su templo. Debemos suplicarle que nos conceda sus siete sagrados dones y sus frutos: caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad. (O)
Josefa Romo Garlito, Valladolid, España




















