​El ser humano sabe que, ante el susurro de un sonido que viaja en las ondas aéreas y porta un ritmo bellamente codificado, su pabellón auditivo lo atrae hacia sí sin vacilar. Al transmitirlo a sus circuitos cerebrales, le permite viajar a una dimensión insondable y dar un giro de 180 grados a su estado de ánimo. Rota la monotonía del ritmo plano y cotidiano; nuestro espíritu puede, finalmente, volar por el espacio y olvidarse del inevitable aburrimiento. (O)

Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España