Cuando una persona cree estar enamorada de su pareja, piensa que todo es de color de rosa, porque siente emociones, sensaciones que de pronto nunca antes ha experimentado, hasta el punto que cree que llegó el momento de apresurarse en las etapas, como casarse o vivir juntos independientemente como pareja.

Sin embargo, existen parejas que han durado años y son las que más aseguran que el enamoramiento inicial no siempre es el adecuado, ya que te apresuras a vivir en esa fantasía, en la que crees que no existen más personas o que nadie te verá de la misma manera o más bonita que tu pareja. Eso hace que empieces a desarrollar cierta dependencia forzada, que te limita a no pensar por ti misma y solo pensar en tu pareja o incluso en tus decisiones priorizas únicamente a tu pareja en lugar de a ti misma.

Después, tras muchos años, sigues pensando que tienes una relación próspera, sana e inigualable, porque todo es amor, risa, amor, caricias, etc., hasta que ocurren momentos de falta de madurez, más serios, es decir, llegan los bebés, los hijos y crees que todo irá a flor de piel.

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Sin embargo, llegan responsabilidades con las que cada vez te das cuenta de que no todo es de color de rosa, que casarse con la pareja que te gusta, que te hace feliz o que te ama y tú amas no te asegura que seguirás sintiendo las mismas mariposas en el estómago que en algún momento sentiste. Siguen pasando los años y un día despiertas, te ves al espejo y ya no sabes si estás por amor o por sobrevivir. Esto hace que sientas que eres como un muñequito de cera, que tiene todas sus extremidades para avanzar, pero tanto tiempo estando en un lugar aparentemente seguro te quita la seguridad, la fortaleza para salir al mundo y demostrar que puedes valerte por ti mismo.

Queridos lectores, no permitan esta dependencia hacia su pareja, piensen en sus futuros de manera sana. (O)

Dayannara Betsabé Salinas Torres, Guayaquil