Para el exvicepresidente Jorge Glas, su detención dentro de la Embajada de México, en Quito, el 5 de abril pasado, y, un día después, su posterior ingreso a la cárcel de máxima seguridad La Roca, de Guayaquil, ha significado -en términos procesales- que empiece a correr el tiempo que le resta por cumplir de su pena unificada de ocho años de cárcel por dos delitos relacionados con actos de corrupción y que se haga efectiva la orden de prisión preventiva dispuesta para que él esté presente en el procesamiento penal en el caso Reconstrucción de Manabí.