Sobre el reluciente piso de madera, una alfombra rectangular se ubica en el centro de una pequeña sala con sillones de cuero. En el centro, una mesa con base de madera y un techo de vidrio soportan un solitario pero colorido adorno de un ave característica de Quito: el colibrí.
Esa es la primera imagen que permite ver el despacho del alcalde de Quito, la oficina que ocupará Pabel Muñoz durante los siguientes cuatro años.
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También de madera, un escritorio rectangular con dos sillas de visita; y del otro lado, la silla del alcalde.
Santiago Guarderas, alcalde saliente de la capital, no tenía ningún adorno o portarretrato sobre este espacio, solo un par de hojas y dos pisapapeles.
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La estación se complementa con otra base del escritorio que soporta un archivador y un teléfono fijo. A las espaldas, un cuadro de un metro cuadrado aproximadamente está custodiado por dos banderas, la de Quito y de Ecuador.
Entre las banderas, sobre un escritorio, se ubican algunos reconocimientos, la mayoría otorgados al alcalde Santiago Guarderas. Estos dejarán de permanecer en dicho lugar una vez que haya entregado el mando.
Cerca de la bandera tricolor se ubica una estantería con más reconocimientos, algunos libros y un par de cajones de los que se desconoce su contenido. En este lugar también se encuentra una de las puertas, que conduce a unos pasillos privados que dirigen al primer personero a distintas ubicaciones del palacio municipal.
La segunda puerta privada está al otro extremo de la habitación, junto a la bandera de Quito. Los pasajes conducen a lugares seguros o rutas de escape en caso de atentados, como el parqueadero principal u otras salas.
El color blanco de las paredes contrasta de manera armoniosa con el café caoba de las puertas. Un camino de luces sobre el techo permite un reflejo de los objetos con el brillo del piso.
Frente a la silla del alcalde, traspasando la pequeña sala, unos amplios ventanales permiten la vista de la estatua de la Independencia, en la plaza Grande; y tras de ella, una vista frontal del palacio de Carondelet, sede de la Presidencia de la República.
A un lado de las ventanas se encuentra una puerta, también de vidrio, que conduce a un balcón adornado de flores. Desde este lugar han saludado las autoridades al pueblo, y allí también han escuchado el reclamo de los manifestantes sobre distintos desacuerdos con su gestión.
En este lugar saludó más de una vez Jorge Yunda, después de su posesión y de su remoción, cuando regresó al cargo por recursos judiciales, aunque solo le duró pocos días.
Nuevamente dentro del despacho, las paredes se adornan con cuadros de pinturas cuya época de creación se desconoce. A un lado de la puerta de ingreso se ubica un retrato de José Mario Bergoglio, el papa Francisco, y a su lado, un reloj. Estos últimos, así como las pinturas, pertenecen al Municipio, según informó una funcionaria que acompañó la visita de este Diario a dicho lugar.
Es decir, han pasado por algunas alcaldías, y no saldrán junto con la última autoridad.
A los extremos de este espacio se encuentran dos lugares estratégicos para los alcaldes: en el lado norte se encuentra una sala de conferencias y reuniones; en el lado sur se ubica otra sala en la que se recibe a las demás autoridades de visita y, en ocasiones, a los medios de comunicación. Otras entrevistas surgen en el despacho.
Se consultó con el equipo de comunicación de Pabel Muñoz si existe algún pedido de modificación o requerimiento especial para este despacho; sin embargo, solo se respondió que todavía no existe ninguna disposición, pues todavía no es el alcalde posesionado, por lo que no ha ingresado a este lugar como muestra de respeto.
Así, este despacho, que ha sido el escenario privado de varias autoridades, de pugnas por ocupar su lugar y de encuentros históricos, se prepara para un nuevo cambio de mando, esta vez sin una remoción, sino para un nuevo periodo de administración. (I)