Están desesperados. Llevan casi un año buscando los cadáveres de sus familiares que fallecieron en la primera ola de la pandemia del COVID-19. Y no los encuentran. Han hecho casi de todo: agotaron los registros de hospitales, morgues y cementerios; buscaron entre decenas de cuerpos putrefactos; se hicieron pruebas de ADN para cotejarlas con cadáveres abandonados y nada. No los encuentran.