Es cierto que, para llegar, hay que cruzar un río de aguas diáfanas que se precipitan por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. Quienes hemos emprendido este viaje de carretera entre Barranquilla y Aracataca podemos decir que hemos entrado al Macondo imaginado por Gabriel García Márquez, un territorio que alguna vez fue como un río caudaloso y lleno de vida, hoy es más bien un hilo de agua que se esconde entre piedras.