Este miércoles 2 de octubre, a las 18:30, en Casa Julián del Parque Histórico (Samborondón), las actrices Pamela Sambrano, Ruth Coello y Paula Lituma vuelven a subir al escenario para la comedia Mi divina suegra, con la dirección y guion de José Rengifo.
Es una historia de convivencia y luchas de poder dentro de la familia que se mantendrá en cartelera hasta mediados de octubre; el público debe estar atento a inscribirse para la próxima en el sitio del Park Fest Samborondón: parkfest.samborondon.gob.ec.
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Pamela Sambrano (35) interpreta por primera vez a una suegra, pero a su vez es nuera, pues en el rol de Claudia tiene como suegra a Ruth Coello. “Su personaje, Gladys, tiene alzhéimer, destellos de lucidez y momentos en los que se abstrae y se va, y lo que Claudia hace es adaptarse a todo”.
La relación entre Sambrano y Coello, antes de Mi divina suegra, había sido la de actriz y directora, respectivamente. Ahora, como compañeras de reparto han podido trabajar en una complicidad mayor. “El cariño y las miradas se encuentran justo en los momentos en que ella se abstrae”, dice la actriz y presentadora guayaquileña (De casa en casa, Los hijos de don Juan, Compañía 593), porque Gladys no lo hace en silencio, sino que se va al pasado, a otra línea del tiempo, y eso es bastante divertido”.
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Sambrano describe esta pieza como una obra ‘poderosa’. “En la medida en que te ríes, te sorprendes y te identificas”, dice, recordando las anteriores presentaciones en Casa Julián. “Hay momentos de mucha identificación”.
En el otro extremo, Claudia es la suegra de Bianca, el personaje de Paula Lituma (25). “Es difícil”, dice Sambrano, “hasta ahora no había tenido personajes que son madres, y me ha costado, porque es un área no explorada, y marcar esta brecha generacional cuando todavía juego más del otro bando que de este ha sido un trabajo interesante en el que han participado nuestro director José Rengifo y la asistente de dirección Antonella Valeriano”.
Lituma, por su parte, no tiene suegra en la vida real, “pero gracias a Dios todas las señoras que he conocido me han querido”, revela. No le ocurre lo mismo con su pariente ficticia. “Me detesta, y he tenido que buscar por qué (el personaje) le caería mal, porque yo, Paula, trato de caerles bien a las personas, y en cambio, a ella le repugno, ni siquiera pregunta o quiere conocerme más, sino que me odia porque cree que quiero alejarla de su hijo”.
¿Cómo hacer para no caer en estereotipos? “Cuando escuché suegra pensé que nos íbamos a odiar entre todas, pero cuando leí el guion casi lloro”, comenta Sambrano. “Porque el personaje de Ruth es muy parecido a mi abuelita, me dio mucha ternura y logré conectar con esta obra por ese medio”. La describe como una señora con una personalidad trascendente, con estilo propio, divertida, a la que la enfermedad no ha podido robarle ese aspecto. “No es la típica señora mayor querendona”.
“Yo pensé que en algún punto se iba a notar que mi personaje está allí por otros motivos”, confiesa Lituma, “pero ella ama al hijo de Claudia, entonces sí, rompe muchas estereotipos y da una visión fresca, por eso la gente pudo aceptarla”.
¿Por qué la odiaría entonces su suegra? Sambrano cree podría ser un choque cultural. “La pusieron a hablar en spanglish, y ella lo hace de una manera que ya resulta irritante. Y Claudia tiene un tema con la limpieza, es muy selectiva, y no es solo que la nueva le cae mal sino que quiere hacerla quedar mal (...), es una relación bastante hipócrita”.
A diferencia de la televisión o las transmisiones digitales (que también pueden ser en vivo), el teatro tiene su propio tiempo. “Cualquier cosa puede pasar en cada presentación; para mí significa estar viva, al entrar en escena dices: ‘Aquí estoy y lo que va a ser, será'. Es vivir el presente”, describe Lituma. “Estás ahí conectada con el público, con la iluminación, con el audio, con tus compañeros, con el director. Termina la obra y pasa tan rápido, pero lo viviste, lo sentiste y te dejaste llevar, eso es increíble”.
“El teatro es precioso, al igual que el cine”, opina Sambrano, quien destaca otra virtud de este arte, el trabajo colectivo. “Los dos requieren mucha atención, mucha memoria; la creación es otra, sí se le da el tiempo necesario a fijar los movimientos; si te mueves a un lado que no te marcaron, puedes dañar la coreografía de tu compañero. Requiere atención plena y mucha presencia de todos”. En algún momento ella fue una actriz que se limitaba solo a aprender su parte del guion. “Hoy trato de tener la idea de lo que tiene mi otro compañero, para salvar la escena. O nos salvamos o nos caemos todos”, dice, y agrega que es una filosofía de trabajo que aprendió del actor Alejandro Fajardo.
En Mi divina suegra se han salvado entre las tres. “Te das cuenta por las miradas. Hemos hecho esta complicidad y esa ayuda en escena entre todas”. Sambrano anima al público a sostener este esfuerzo haciendo su parte, consumiendo teatro. “El arte está muy golpeado, sé que muchos sectores también. Cancelamos una función. Hay sitios que están con la zozobra por los cortes. (...) Estas obras son gratuitas, solo deben inscribirse en la página del Municipio de Samborondón y separar su tique, y cumplir con su palabra”, resalta. “Gracias a Dios nosotras hemos tenido sala llena, pero en otros proyectos las personas se registran y no van. Disminuyen las risas, la energía de la audiencia para el artista, que en este momento está haciendo un acto de supervivencia”. (E)