Rosalía comenzó este lunes 16 de marzo la gira de su cuarto disco, el místico Lux, en Lyon (Francia), con un espectáculo que combinó lo teatral y lo musical en un recorrido ecléctico que transitó entre la delicadeza del ballet y la intensidad de una rave.
El concierto tuvo lugar en el LDLC Arena, un recinto con capacidad para unas 15.000 personas, que presenciaron una propuesta completamente inédita. La artista mantuvo en secreto todos los detalles de la puesta en escena hasta el último instante, cuando unas compuertas de madera se abrieron para dar paso a su equipo, que portaba una gran caja blanca.
De ella emergió Rosalía, vestida como una muñeca bailarina, con tutú y zapatillas de ballet, marcando el inicio del espectáculo al ritmo de Sexo, violencia y llantas y Reliquia, tal como comienza el disco.
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El ballet fue el hilo conductor de los primeros temas, todos pertenecientes a Lux, hasta que la atmósfera se volvió más lírica con Mio Cristo Piange Diamanti. En ese momento, la artista dejó atrás el tutú para aparecer con un velo, evocando una figura operística. El contraste llegó con Berghain, donde el tono se tornó más oscuro y contundente: Rosalía apareció con cuernos demoniacos y una estética marcada por plumas negras, en una versión remezclada del primer sencillo del álbum que derivó en una rave desenfrenada.
A partir de ese punto, el nuevo disco cedió espacio a otros temas de su trayectoria, especialmente de Motomami. Canciones como Saoko encendieron el ambiente, mientras que con La fama la cantante recordó que era su primera vez actuando en Lyon. El repertorio alternó ritmos urbanos con sonidos más tradicionales en temas como De madrugá o El redentor.
Uno de los momentos más llamativos llegó con la interpretación de I can’t take my eyes off you. Rosalía apareció en lo alto de una escalera, enmarcada como una obra de arte, para luego desfilar como una estrella de Hollywood ante el público.
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En Sauvignon blanc, la artista se sentó sobre el piano mientras bebía una copa de vino blanco, generando uno de los momentos más íntimos de la noche, acompañado por las luces de los teléfonos del público. Más adelante, durante Dios es un stalker, caminó entre los asistentes hasta situarse en el centro del recinto, junto a la orquesta Heritage, que la acompañó durante parte del espectáculo.
Desde allí interpretó La rumba del perdón y CUUUUuuuuuute, en una secuencia que volvió a transformar el ambiente en una fiesta electrónica, fusionándose incluso con Sweet Dreams (Are Made of This). También hubo espacio para una versión más romántica de La noche de anoche, interpretada sin Bad Bunny.
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El tramo final llegó con Bizcochito y Despechá, antes de cerrar el espectáculo principal con Novia robot, reafirmando el protagonismo de Lux. Como despedida, regresó sola al escenario para interpretar Magnolias, poniendo fin a una noche que confirmó el carácter escénico y conceptual de su nueva gira. (E)







