La migración es un fenómeno que suele analizarse desde las estadísticas económicas o el drama social. Para la muralista guayaquileña Carla Bresciani, también es vital relatar esta temática a través de los artistas que migran.
Esa es la tónica de su cortometraje documental Del trópico al Mediterráneo. La idea nació de una inquietud personal que se transformó en una investigación cinematográfica de alta calidad durante un viaje por Europa.
La pieza audiovisual documenta el exilio de los creativos ecuatorianos, así como su producción antes y después de partir, para demostrar que la inspiración no solo “viene de afuera”, sino de una genealogía de creadores locales que ya estaban innovando desde hace décadas, sostiene.
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Durante su eurotrip, Bresciani buscó conectar con la diáspora en diversos sectores. En su recorrido, advirtió un patrón que le preocupó: “En cultura estamos siendo cíclicos y repetitivos, porque no hay una permanencia de lo que se ha hecho, no se ha documentado la memoria de los artistas que han migrado”.
Al conocer en medio de su viaje al cineasta y gestor cultural Julián Baquerizo (coautor y director), la idea de un simple registro de su propia obra evolucionó hacia algo mayor.
De esta forma retrataron a seis artistas ecuatorianos que, a decir de Bresciani, hoy activan la escena cultural en España:
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- Óscar Medina (@azpeger.tat), ilustrador y tatuador, especializado en grafiti;
- Camila Villacrés (@oky.sargon), artista visual influenciada por la moda;
- B. C. Funk (@bc.fnk), proyecto musical del músico y productor Bryan Cuadrado, enfocado en el funk, hiphop y funky bass;
- Roberto Bernous-Ditto (@rob_nous), artista de nuevos medios y arte generativo;
- Sergio González (@stakimundo), conocido por fusionar cumbia y rock con cantos ceremoniales; y
- Valiana Areco Brachetti (@valianasofia), creadora de títeres.
Igualmente aparece Bresciani en el filme con sus reflexiones. Si bien no se desprenden de su esencia (como el uso de referencias o sonidos andinos), la también productora y gestora cultural observa que los entrevistados muestran una clara “internacionalización” de su obra que les permite competir en el entorno europeo.
“Un campo de batalla”
Tras este viaje, Bresciani aborda con honestidad los mitos del éxito artístico en el país: que “en Ecuador no se vive del arte” y que “nadie es profeta en su propia tierra”.
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En su caso, la muralista lleva 18 años viviendo exclusivamente de su arte, aunque reconoce que no es la norma. “El consumo de cultura en Ecuador es un campo de batalla. Es duro poder seguir creciendo, pero de que se puede, se puede”.
La falta de una cultura de consumo artístico obliga a los creativos a convertirse en “eternos emprendedores”, alternando su obra con actividades paralelas para sobrevivir, lo que fragmenta su capacidad creativa, opina la artista.
En contraste, los artistas documentados en Barcelona reportan haber encontrado “paz mental”, una estabilidad que les permite enfocarse exclusivamente en su línea de trabajo y profesionalizarse en un mercado de alta competencia.
Además, la inseguridad (recuerda el robo de su obra y equipos en su propio domicilio) y la inestabilidad económica son los detonantes para migrar.
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Bajo esa luz, Carla Bresciani no oculta el matiz personal de su viaje: fue a “tantear territorios” porque ella misma considera la posibilidad de migrar. No obstante, regresó con una visión renovada. Su objetivo ahora es internacionalizar su agencia de arte, mientras busca que este documental sea el inicio para una docuserie que registre de igual modo el territorio nacional.
Aprovechando este espacio, la artista insta a la ciudadanía a no dejar morir la cultura. El apoyo ciudadano se refleja en asistir a los eventos, consumir el arte local y difundir el talento en redes sociales.
Del trópico al Mediterráneo se estrenará en Guayaquil, en el MAAC Cine, el jueves 16 de abril, a las 19:00. Al día siguiente debutará en Quito, en la Universidad Flacso. (E)



