Ecuador tendrá este año un pabellón en la 61.ª Bienal de Venecia, cuya sección de arte se inaugurará el 9 de mayo, y allí se asentará la exposición Tawna & Óscar, creada por el colectivo Tawna y el artista Óscar Santillán, con curaduría de Manuela Moscoso y apoyo del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC).

Santillán, quien lleva cuatro piezas a este proyecto, explica que esta es la primera vez que nuestro país tiene un pabellón en la Biennale. El Viceministerio de Cultura nombró al MAAC, de Guayaquil, como comisionado, y a su vez estos designaron a la curadora ecuatoriana Moscoso.

“Es interesante, Manuela es –lo digo sinceramente– la curadora con las mayores credenciales internacionales que el Ecuador tiene”. Ella ha trabajado con el museo Rufino Tamayo, de México, y también con la Bienal de Liverpool de 2021. En Ecuador ha sido curadora adjunta de la Bienal de Cuenca de 2014 y cocuradora de la de Queens en 2011. Ha sido codirectora de Capacete, un programa de residencia en Brasil.

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“Para mí, como artista, es un honor ser parte de un proceso cuya finalidad es que el Ecuador esté bien representado, y que ha seguido pasos y protocolos que siguen los pabellones nacionales”, indica Santillán, cuya propuesta se compone de dos obras preexistentes (Voyager y Crisálida) y dos nuevas.

¿Qué une las obras de Santillán con las de Tawna? “Manuela. Desde su visión curatorial organiza el espacio y los diálogos que se puedan entablar entre las obras”. La impresión de Santillán es que se trata de la exploración de lo no humano, lo que podría llamarse la naturaleza o el entorno. Cree que estas obras dan la oportunidad de salir de “una dicotomía occidental”, que es la separación entre naturaleza y sociedad, y de pensar en lo que él llama “lo planetario”, que incorpora todas las dinámicas que ocurren en la tierra. “Incluso los seres humanos vienen a considerarse como parte de un todo”.

Otro aspecto de la propuesta es, detalla, la sensualidad. “Occidente tiene esta manera bipolar de ver el mundo, por ejemplo, la separación entre cuerpo y mente, que es un invento: somos un ente nada más”. Así, indaga cómo se relacionan los humanos y los no humanos, como las plantas. “Para mí eso genera un espacio de sensualidad”.

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Voyager (Viajero, 2016), del que vemos un detalle en la tercera foto de esta página, es la obra de más edad entre las que lleva Santillán, es una camisa que él encontró durante una caminata en un bosque de Ecuador. La camisa no tenía botones. “Entonces, decido hacer los botones. Pensando, explorando, decido que van a ser hechos de meteoritos”. Trabajó con un experto tratando de fundir los trozos de meteoritos para que asuman la forma deseada, sin lograrlo del todo. “Tenían mucho hierro en su composición y exigían una temperatura extremadamente alta”. Como resultado, los botones desiguales e irrepetibles están cosidos en la camisa. “Para mí, lo que las unía era la materialidad: un objeto abandonado en la Tierra y otro que iba a la deriva en el espacio exterior y que de casualidad se estrella contra nuestro planeta. Estos dos entes perdidos se encuentran en esta pieza”.

En sus 25 años como artista profesional, Santillán ha observado que en Ecuador no hay falta de acceso a las ideas. “Quizás hasta nos sobran”. Pero sí falta acceso a infraestructura. “A que la gente tenga la oportunidad de hacer. Lo difícil no es pensar, lo difícil es hacer. El acto de crear, de materializar y de descubrir mientras lo haces es, además, de mucha humildad, porque no es hasta que uno trata de hacer algo que se da cuenta de que ese algo es tremendamente difícil”, dice, recordando en cierta forma sus botones espaciales. Pues la realidad con sus dinámicas infinitas se impone sobre lo que los humanos imaginan.

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En su obra, resume, plantea no pensar algo con la intención de ejecutarlo, “sino más bien encontrar pistas de cuestiones que nos puedan fascinar o interesar y meternos a explorarlo. El resultado va a ser algo que no pudimos haber imaginado nunca, sino que se fue descubriendo de a poco y fue tomando su propia dinámica. Como artista, es la forma en la que trato de trabajar”.

Se siente honrado de poder representar a Ecuador, asegura que lo hará “con un compromiso absoluto” y con la ayuda de su equipo, Studio Antimundo, del cual es director creativo. Cuando supieron de la invitación, cancelaron todas las exposiciones que pudieron. “Estamos entregados a hacer que este proyecto sea, ojalá, maravilloso”.

Santillán, Tawna y el equipo de Ecuador viajarán en mayo para el montaje del pabellón. “Lo mejor que nos podría pasar es hacer esto tan bien que en la siguiente edición de la Bienal de Venecia haya otro pabellón del Ecuador, con otros artistas, otras curadoras, y que las prácticas artísticas del Ecuador tengan mayor visibilidad”.

El pabellón de Ecuador estará en Castello 1636/A, Venecia. Estará abierto al público hasta el 22 de noviembre, de martes a domingo. La entrada es libre. Todos los días excepto el lunes. La entrada es libre. (F)

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