El día del fin del mundo 2: Migración llegó esta semana a las salas de cines ecuatorianas y continúa la historia de Groenlandia: el día del fin del mundo (2020), en la que tras la caída de un gran cometa en la Tierra se desata un armagedón que obliga a los sobrevivientes a moverse a sitios específicos del planeta para poder vivir.

Los protagonistas son los mismos: John Garrity (Gerard Butler), su esposa Allison (Morena Baccarin) y su hijo Nathan (que esta vez cambia de actor, Roman Griffin Davis).

Ya se han hecho un sinnúmero de filmes que abordan la caída -o posible- de asteroides, cometas, y hasta meteoroides que ponen en jaque la vida tal y como la conocemos, o incluso la destrucción del planeta. En eso no se diferencia mucho o destaca demasiado.

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Sin embargo, hay que reconocer que el camino que recorren para llegar a su objetivo es entretenido y te mantiene atento a la pantalla. Casi no hay descanso.

El escenario es un mundo atrapado entre la radiactividad mortal y en diferentes niveles, la aún continua caída de meteoritos atrapados en la atmósfera, la desaparición y transformación de grandes pedazos de los continentes, una sociedad sin mayor control, con comunidades hasta bajo tierra para evitar las poderosas tormentas radiactivas. Todo, algo que nadie quisiera vivir.

En medio de eso ocurre la historia de una familia que tras cinco años de la caída del cometa, de 14 km, interestelar Clark lucha por sobrevivir y que aquel hijo que muy poco conoció el mundo de antes de este evento pueda alcanzar a tener una vida diferente a las horribles circunstancias actuales.

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Como es de esperar en la mayoría de las películas en las que sale Gerard Butler, su personaje es un hombre de acción y líder que vence cualquier obstáculo. Junto con su esposa son importantes en su comunidad, ya establecida, pero todo cambia en menos tiempo de lo esperado, y así comienza su mayor reto. Ir a un punto donde probablemente haya esperanza de que la vida vuelva a ser como antes, o al menos intentarlo.

Los datos científicos, climáticos, políticos son parte de la trama y le aportan adecuadamente a una cinta en la que en ocasiones, si te pierdes uno de esos datos te puedes perder un poco, pero tampoco es que no vas a entender la película si te desconcentras un momento porque se te cae la cola (gaseosa).

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En definitiva sí es una película para ir al cine, no podría decir que es un ‘peliculón’, pero, como se dice popularmente, “se deja ver”, y bastante bien. En especial para quienes gustan de este tipo de género que combina acción, ciencia ficción y desastres. Sin olvidar representar bastante bien lo que algunos llamaríamos la parte mala de la esencia del ser humano, que aparece en medio del caos. Pero también con varios espacios para ver la parte buena.

No es para nada una superproducción de Hollywood, pero cumple con los estándares suficientes en sus efectos para hacer creíble la situación. (O)