Francis Eddú Llumiquinga Ramos, quiteño de 18 años, fue elegido para interpretar a Julio, el joven protagonista de la película Hiedra, de Ana Cristina Barragán, que se estrenó en Ecuador el 12 de marzo.
Dice que casi se pierde ese proyecto por una emergencia familiar que lo hizo llegar tarde al colegio. Antes de que pudiera entrar a clases, la directora y el coordinador académico de su colegio (Centro del Muchacho Trabajador) lo buscaron para decirle que tenía que ir al teatro inmediatamente.
Él fue y se encontró en medio de un casting, pero asumió que podría ser “para EnchufeTV”, recuerda. En realidad, buscaban actores naturales (sin experiencia ni estudios) para Hiedra. Pasó el primer filtro y para el segundo conoció a la cineasta. “No sabía nada de ella”. En esa época no tenía experiencia ni conocimientos de actuación; su cupo para la universidad estaba reservado en la carrera de Pedagogía en Lengua y Literatura.
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Pero la semana vivida en la Bienal de Cine de Venecia, en la que el elenco y el equipo de Hiedra asistieron a sesiones de fotos, ruedas de prensa, alfombras rojas y al estreno de la película, cambió todo. “Regresé con un cambio de punto de vista”. Se conectaba a clases pero no se sentía bien. “No estaba en el lugar correcto”. Una conversación con su psicólogo estudiantil le hizo ver que en diez años podría estar actuando en otras películas o guiando la clase en el aula. Lo que él eligiera.
Así que acaba de aplicar para la carrera de Cine en la Universidad San Francisco de Quito y se muestra optimista de que uno de los patrocinadores del filme le brinde apoyo para sus estudios, que podrían ampliarse a la actuación. “Joe Houlberg (productor de Hiedra), que es profesor de la universidad, me explicó que abrirán una especialidad para actuación”.
Francis Llumiquinga, el actor que no quiere esperar sentado
La coprotagonista de Francis fue la mexicana Simone Bucio en el papel de Azucena, una mujer adulta cuya mente se quedó atrapada en la adolescencia y se acerca a un hogar para huérfanos. “Es una relación un poco tóxica, dos personas que buscan llenar vacíos, lo que a cada uno le fue arrebatado, a Azucena cuando era niña y a Julio cuando nació”.
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Explica que leyó el guion con sus padres, que lo ayudaron a ver las similitudes con el personaje: un chico que cuida a los más pequeños, que es bondadoso, que tiene arranques de ira y de rebeldía. “Te describieron sin que te hubieran conocido”, le dijeron. “Creo que eso fue un factor que me ayudó bastante para la interpretación”, piensa Francis.
Después de enojarse, llorar y pensar como Julio, le tiene una gran estima. Pero aprendió algo de la directora. “El personaje y actor no son la misma persona; al final, el personaje se queda en el lado imaginario y yo regreso. El último día, antes de salir, me despedí de él, le agradecí por todo”, afirma.
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Francis habla con fluidez y se mantiene serio y enfocado; solo se ríe cuando se toca el tema de las redes sociales. Nacido en 2007, dice que no se clasifica como un centennial o generación Z. No menosprecia el concepto, sino que creció en un hogar donde confluyen varias generaciones: la música disco y las películas clásicas de su papá, los gustos de su mamá millennial.
Tal vez por eso se sintió cómodo en un equipo de diversas edades. Explica que con Hiedra se sintió parte de un grupo que remaba hacia el muelle, que era el estreno en nuestro país. “Nunca imaginamos que íbamos a estar en Venecia; entonces, creo que ya fue el muelle y un poco más allá”. Relata que en la ciudad italiana no tuvo tiempo de sentirse nervioso. Pero en Quito empezó a temblar y a sentir vértigo. “Recordé que es mi tierra, es mi gente, me van a reconocer y alguna crítica mala me va a caer ‘de una’; me asustó bastante”.
Nuevamente, tener a sus padres con él le dio tranquilidad. Y también el cuidado de la directora para el elenco, una relación que él describe como la de una gallina con sus pollitos.
Confiesa que en el día de la proyección se acercó un director diciendo que tal vez pediría su contacto para un proyecto. “Yo jamás diré no”. Sus clases empiezan en agosto y quiere aprovechar el tiempo; no le gusta quedarse quieto; buscará trabajo aunque sea a medio tiempo. “Tratar de mantenerme activo y no esperar sentado hasta que caiga algo”. (E)
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