Imagina despertar atado a una silla, frente a un juez que te informa que has sido acusado de asesinato y que, si no logras probar tu inocencia en noventa minutos, serás ejecutado de manera inmediata. Tienes acceso a todas las imágenes registradas por cámaras públicas y privadas, almacenadas en la red, pero cada una de ellas podría jugar en tu contra.