Tal vez nunca dejará de usarse aquella estrofa de la canción del argentino Alberto Cortez que dice: “Cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío/ que no lo puede llenar/ la llegada de otro amigo”. De tanto repetirla puede convertirse en un lugar común, pero la letra y la melodía tienen la eternidad de las cosas sencillas nacidas de la sabiduría popular.