En el ambiente deportivo guayaquileño, y seguramente en el nacional, preocupaba la salud del exfutbolista brasileño Moacyr Claudino Pinto. Quien haya leído prensa o escuchado transmisiones deportivas el último medio siglo sabe quién es Moacyr, a secas.

Todos, excepto esa tribu que en Ecuador se autodenomina “periodismo moderno” y que, a diario, imparte lecciones a técnicos de fútbol sobre cómo alinear un equipo.

No solo instruyen a locales; su prédica alcanza a Pep Guardiola, Hansi Flick o José Mourinho. Dictan cátedra sobre sistemas aprendidos en ninguna parte pues, por confesión propia, sus impolutas manos nunca han sufrido la agresión de un libro. Son tanques de ciencia futbolera, pero ignoran quién fue y es Moacyr.

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El extraordinario volante brasileño, radicado en Guayaquil hace seis décadas, atraviesa un serio trastorno de salud cerca de cumplir 90 años. Como ocurre siempre, las autoridades del deporte y las del club (Barcelona SC, en este caso) no se dieron por enteradas.

No obstante, un periodista ecuatoriano en las antípodas de “la generación idiota” y con excelentes contactos, informó de la situación a dos colegas en Brasil para que el caso del campeón mundial de 1958 trascendiera.

Jorge Luiz Rodrigues y Marzio Dolzan difundieron la noticia e interesaron a la Confederación Brasileña de Fútbol.

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Samir Xaud, presidente de la CBF, llamó a Moacyr y le garantizó el apoyo necesario. Según publicó Rodrigues en redes sociales, la CBF brindará ayuda financiera al exfutbolista. “Hacerlo en vida, en el momento en que un campeón mundial más necesita ayuda, marca toda la diferencia”, escribió Rodrigues en X.

En nuestro país, la dirigencia de Barcelona SC no lo respaldó económicamente. Quizás piensen que bastó con entregarle hace poco una medalla de hojalata embarrada en dorado.

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Es la misma conducta ante el drama humano que atraviesa Víctor Mendoza. Moacyr fue campeón con el Ídolo del Astillero en los torneos de Asoguayas de 1965 y 1967, y en el nacional de 1966.

La Federación Ecuatoriana de Fútbol tampoco se dio por aludida. Navega en el mar tempestuoso de las próximas elecciones y la aspiración codiciosa de su presidente de seguir en el directorio de la Conmebol (entre $20.000 y $40.000 al mes, viajes en primera clase y suites en hoteles cinco estrellas), sin otra tarea que la de limpiar el saco del mandamás, Alejandro Domínguez.

Moacyr fue el artífice, como DT, de la primera clasificación de Ecuador a un torneo oficial de la FIFA, logrando en 1986 el cupo al Mundial sub-16 celebrado en 1987 en Canadá.

Por último, esa inutilidad llamada Agremiación de Futbolistas, fuente de pactos y negocios oscuros, tampoco hizo nada en auxilio del gran jugador.

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Moacyr Claudino Pinto da Silva nació en Sao Paulo, Brasil, el 18 de mayo de 1936.

Con 20 años debutó en el poderoso Flamengo y en 1957, gracias a su ingenio, habilidad, talento creativo y exquisitez en el dominio del balón, fue llamado a la selección de Brasil, en la que formó una delantera formidable en partidos de preparación: Garrincha, Moacyr, Evaristo de Macedo, Pelé y Canhoteiro.

Brasil se preparaba para el Mundial Suecia 1958, cita en la que pretendía recuperar prestigio tras la tragedia del Maracaná en 1950.

Se pensó en una mezcla de experiencia con Didí, Nilton Santos y Djalma Santos, combinada con el atrevimiento de jóvenes como Moacyr, Garrincha, Bellini, Orlando y el sorprendente Pelé.

El 14 de mayo de 1958, Brasil jugó un amistoso contra Bulgaria y ganó 4-0 con un ataque integrado por Joel, Moacyr, Altafini, Dida y Zagallo. Moacyr, autor de dos goles, fue la figura del duelo.

Ese día se consolidó como un indiscutido crack y se aseguró el viaje a Suecia como interior derecho, puesto del inolvidable Waldir Pereira (Didí).

Brasil superó el drama del Maracanazo con el título mundial de 1958, logrado por una selección cuyos nombres permanecen marcados a fuego en la memoria de los aficionados del planeta, sean periodistas o no (menos en el vacío cráneo de los que ya sabemos).

En 1961 Moacyr fue contratado por River Plate, que inauguraba en Argentina la época llamada “del fútbol espectáculo”.

Era un plantel de lujo con Amadeo Carrizo, José Varacka, José Ramos Delgado, Luis Artime y una delantera exclusivamente de extranjeros: Domingo Pérez (Uruguay), Moacyr (Brasil), Pepillo (España), Delem (Brasil) y Roberto (Brasil).

De River pasó en 1962 a Peñarol, ya considerado entonces uno de los mejores equipos del mundo. Entre sus estrellas figuraban nuestro Alberto Spencer, William Martínez, Néstor Goncalvez y Juan Lezcano; y en su artillería Julio César Abbadie, Moacyr, José Sasía y Juan Joya.

En 1964, el Círculo Deportivo Everest dio la mayor sorpresa del fútbol ecuatoriano de esos días: el fichaje de Moacyr Claudino Pinto, primer campeón mundial en militar en un equipo nacional.

Defendían al Rodillo Rojo Hugo Mejía, Jorge Spencer, Alfonso Echanique, José Johnson, Carlos Raffo, Horacio Tanque Romero, Óscar Buris y Gonzalo Salcedo, entre otros.

Moacyr permaneció en el club hasta 1965, cuando pasó a Barcelona SC. Allí dictó cada tarde y noche bellas lecciones de fútbol junto a Helinho, Vicente Lecaro, Luciano Macías, Washington Muñoz, Félix Lasso, Clímaco Cañarte, su paisano Helio Cruz y otros históricos de la divisa oro y grana.

Militó en Barcelona hasta 1969 y, al año siguiente, se unió al Carlos A. Mannucci peruano, donde jugó hasta 1975, año en que clausuró su carrera profesional.

En 2008, Lula da Silva rindió homenaje a los campeones de Suecia. Moacyr recibió la medalla ‘Héroes de 1958’, instituida por el mandatario. Además de Moacyr, asistieron Pelé, Zagallo, Djalma Santos, Pepe, Zito, De Sordi, Altafini, Dino Sani y Orlando. Otros campeones no viajaron por salud. “Ustedes nos ayudaron a entender que Brasil podí­a ser un paí­s vencedor”, declaró Lula tras la entrega.

Hoy, cuando se habla del Flamengo glorioso y sus figuras junto a Zico, Zizinho, Evaristo o Romário, aparece siempre Moacyr Pinto.

Con el club más popular de Brasil disputó 225 partidos, marcó 59 goles, dejó escritos en el césped argumentos de novelas con sus jugadas cerebrales y pintó cuadros excelsos de Da Vinci, Miguel Ángel o Velásquez. (O)