Dos momentos definieron la Libertadores. El primero, al minuto 30: el centrocampista chileno Erick Pulgar le entró en plancha al zaguero Bruno Fuchs, de Palmeiras, y le dejó dos largas rayas rojas en la pantorrilla. Una acción temeraria que merecía tarjeta roja sin la menor duda. El juez argentino Darío Herrera, un “sacador” de partidos, aplicó amarilla, el VAR se lavó las manos y todo quedó ahí, en protestas. Si expulsaba, nadie hubiese objetado, ni Pulgar. Fuchs le había cometido una falta amedrentadora a De Arrascaeta desde atrás, Herrera sancionó falta y, con el juego ya interrumpido, Pulgar, sin pelota, metió el planchazo descalificador. A partir de allí, con los añadidos, Flamengo debió jugar 68 minutos con diez hombres. Palmeiras muy probablemente hubiese aprovechado tamaña ventaja. En la ceremonia de premiación, Herrera y la infinidad de jueces que componen ahora la dotación arbitral recibieron medallas y fueron felicitados efusivamente.

El segundo instante decisivo devino a los 66 minutos. Llegó un córner desde la derecha muy bien servido por De Arrascaeta y Danilo, con un cabezazo imperial, marcó el gol del campeonato, el que no se olvida nunca. Muy inteligente, Danilo esperó tres pasos atrás de la línea de atacantes y defensas, con lo cual nadie lo marcó; recién se adelantó cuando vio que podía llegar a la bola y ahí metió el frentazo del 1 a 0. Fuchs se quedó atornillado al piso, hasta se agachó, pareció temer el choque con el adversario. Y eso se paga. En ese mismo instante convinimos interiormente que estaba definido el partido. Este Palmeiras timorato del sábado no tenía cómo levantarlo.

Electrocables Barraza

Danilo tuvo un “segundo gol” en el minuto 88. En la única ocasión de gol clara de Palmeiras, la bola le quedó servida a Vitor Roque a cinco metros del arco de Rossi, el atacante sacó un balazo, pero Danilo se jugó entero y logró echarla al córner con la punta del botín. Sus compañeros corrieron a abrazarlo, conscientes de que había salvado el triunfo. Danilo da Silva es el mismo de la selección y que fue lateral derecho del Porto, Real Madrid, Manchester City y Juventus, con una larguísima carrera europea. Ante Palmeiras fungió de zaguero centro. Con 34 años está entero físicamente, tiene la virtud de la concentración, fundamental para un defensa, y seguro Ancelotti lo llevará al Mundial.

Danilo hilvanó su título número 25 dentro de un impresionante palmarés que reúne Mundial Sub-20, Juegos Olímpicos, una Libertadores anterior con el Santos FC (2011), dos Champions con el Real Madrid, dos Premier con el City y campeón nacional en Brasil, Portugal, España, Inglaterra e Italia. Es el positivismo con piernas, un líder por comportamiento y entrega. Preguntado si valoraba más las dos Champions que esta Libertadores, no dudó. En perfecto español confesó: “Esta fue muy muy muy dura. Me quedo con esta porque además fue con el equipo de mi corazón”.

En esas dos acciones se definió todo. No hubo mucho más. Partido pobre para tanta expectativa. Y por tratarse de dos gigantes de Brasil, los dos mejores equipos de la región y que han marcado una época en estos últimos años: Flamengo con tres títulos y un subtítulo, Palmeiras con dos coronas, un segundo puesto y tres cuartos. Si el fútbol brasileño es el gran dominador del fútbol sudamericano a nivel de clubes (en realidad de la Libertadores, no de la Sudamericana), esta final no habla muy bien del continente, sobre todo porque vemos en la Champions duelos extraordinarios por juego, por emoción y por goles. Jugaron como se hacía en los 80, a cuidarse, a no arriesgar, a usufructuar un centro. Y en el caso de Flamengo, a dar. Quedó muy claro de arranque que había una consigna en el FLA, antigua, por cierto: la bola pasa, el hombre no. E hicieron especial énfasis en Vitor Roque, el potente goleador del Verdão. Lo bajaron feo media docena de veces. Todas entradas amedrentadoras, para hacerle sentir rigor.

“Este equipo (Flamengo) es muy agresivo, ya vieron cómo juegan en los duelos. Marcaron muy duro. Algunas entradas fueron incluso demasiado fuertes”, se quejó con razón Abel Ferreira, el entrenador portugués del vencido. E ironizó: “Creo que el árbitro fue muy simpático, no quería arruinar la final”.

Más allá de los cuestionamientos, Palmeiras no jugó nada, no se atrevió nunca. Pero ¿cómo reprocharle a Abel, un conductor que le dio diez títulos a Palmeiras, entre ellos tres Paulistas, 2 Brasileirãos y 2 Libertadores, y que le hizo vivir el tiempo más feliz de su existencia…?

Electrocables Barraza

El delantero argentino José Manuel López fue autocrítico con el planteo: “Nos faltó jugar un poquito más”. De paso, le devolvió al técnico un palito que este le había tirado en la semana diciendo que López juega muy retrasado. No fue un tema de individualidades sino de planteo temeroso. Abel Ferreira mandó un mal mensaje ya desde la formación: puso cinco defensores. Eso le genera confianza al rival. Y además debilitó el medio campo, porque quedaron solos ahí Andreas Pereira y Rapahel Veiga contra Pulgar, Jorginho, De Arrascaeta, Carrascal y Lino del oponente. No es que estos brillaran, pero casi los triplicaron, porque Guillermo Varela, marcador de punta derecho, se sumaba a los volantes. Ahí lo perdió Palmeiras y lo ganó Flamengo. También lo ganó por ambición, por insistencia, por búsqueda, por dominio (63,3 % de posesión contra 36,7) y por aproximaciones con riesgo al arco de enfrente.

Es muy difícil, en una final, elegir como figura a un futbolista del equipo perdedor, pero nadie jugó más que Gustavo Gómez, zaguero y capitanazo de Palmeiras. Hizo un partido de fábula, llegó a todas, cortó todas, regó el césped con su sangre. Ya está entre los grandes paraguayos de la historia, sentado junto a Arsenio Erico, José Luis Chilavert, Benítez Cáceres, Eulogio Martínez, Saturnino Arrúa… Este cronista elige, por sus dos intervenciones clave en el desenlace final, a Danilo como figura principal, aunque debe compartirla con el uruguayo Guillermo Varela, marcador derecho que se comió la cancha con su empuje, corazón y temple. Consagratoria tarea la del exjugador de Manchester United.

Electrocables Barraza

La coronación rubronegra reviste de fulgurante la aparición de Filipe Luís como entrenador. Un suceso que podría ser comparado con el de Pep Guardiola cuando arrancó en el FC Barcelona. Filipe Luís, de recordado paso por el Atlético de Madrid como marcador de banda izquierda, debutó en su nueva función el 1 de octubre del año pasado. En trece meses ha conquistado la Copa do Brasil 2024, el Torneo Carioca y la Supercopa de Brasil 2025, la presente Libertadores y, en una semana, es altísima probable, se alzarán con el Brasileirão. No recordamos que nadie haya tenido un comienzo semejante en la dirección técnica en 150 años de fútbol. Lo merece por su extraordinaria caballerosidad en sus tiempos de pantalón corto. También porque ha demostrado ser un estratega valiente, ofensivo, y por su trato de seda con los jugadores. El día que el Cholo Simeone deje el banco del Atlético, seguro vendrán a buscarlo.

Flamengo (recibió 33′240.000 dólares de premio por esta Copa) se puso a la altura de su fama y de su historia. Es el club más popular de Brasil y ahora también el brasileño con más Libertadores: cuatro. Esto nos lleva a dimensionar mejor la hazaña de Independiente, ganador de 7 Libertadores. Con un agregado importante: disputó 7 finales y ganó las 7. Y nunca pasó una instancia por penales. (D)